COLUMNA: CLASE EJECUTIVA

Música tradicional


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Hay piezas musicales que conocemos de siempre. Las tarareamos, no recordamos cómo las aprendimos, pero son parte de nuestra vida.

Esa música, muchas veces anónima, de transmisión oral y que sentimos que representa nuestra cultura es lo que llamamos música tradicional, folclórica o típica.

Algunas de estas piezas han servido de inspiración a compositores de la llamada música clásica o académica.

Los verbunkos y los czardas , bailes tradicionales húngaros, por ejemplo, motivaron a compositores del siglo XIX. Liszt, compuso diecinueve rapsodias húngaras para piano, Brahms escribió sus Danzas Húngaras, algunas para piano a cuatro manos, otras para piano solo y hasta para orquesta.

Otros ejemplos son los Aires gitanos de violinista virtuoso Pablo de Sarasate y la Danza Húngara dentro del ballet El lago de los cisnes , de Tchaikovski. Ya en el siglo XX, los compositores húngaros Bartok y Kodály viajaron por todo el país transcribiendo melodías que luego incorporarían en sus obras.

En Costa Rica, la música tradicional también ha inspirado a varios compositores. Alejandro Monestel, por ejemplo, escribió una Rapsodia Costarricense y Julio Fonseca una Fantasía Sinfónica. En ambas obras hay citas claras de melodías tradicionales costarricenses.

Más recientemente, quizás uno de los compositores más inspirado en este repertorio es Allen Torres.

Caña dulce sirve de inspiración para Fuga para cuarteto de trombones; en su Suite para guitarras se reconoce el ritmo de pasillo y de tambito; Variaciones sobre una cimarrona , para quinteto de bronces, nos remonta a las celebraciones de Semana Santa, pero también a las retretas de los parques y a las parrandas guanacastecas.

Una utilización más estilizada se ve en la Fantasía para marimba criolla y orquesta, de Benjamín Gutiérrez, basada en melodías del compositor tradicional guanacasteco Ulpiano Duarte.

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