Columna Clase Ejecutiva: El cine dentro del cine


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El cine que autorreflexiona, o que hace homenaje a su historia es siempre fascinante. Esto lo demuestran películas emblemáticas como Cinema Paradiso (Giuseppe Tornatore, 1988), El artista (Michel Hazanavicius, 2011) o el corto The Big Swallow (James Williamson, 1901) realizado solo seis años después del nacimiento del cinematógrafo.

La noche americana (François Truffaut, 1973), muestra el proceso de rodaje de un filme, en la interacción del supuesto director (el mismo Truffaut) y los actores y equipo técnico.

Las crisis provocadas por los cambios tecnológicos es el tema de El artista .

Sunset Boulevard (Billy Wilder,1950) plantea un tema similar: una actriz del silente, en decadencia –interpretada por Gloria Swanson, en situación similar– se encierra en su mansión esperando su regreso triunfal. Su mayordomo –interpretado por el director alemán Eric Von Stroheim, quien había caído en desgracia en Hollywood– le hace creer que sigue siendo admirada. Otros personajes reales de la industria aparecen representándose, como el director Cecil B. De Mille y el actor y director de cine mudo, Buster Keaton.

Nace una estrella (George Cukor, 1954) muestra también el surgimiento de una estrella, al lado de la decadencia de quien la descubre.

Directores y guionistas con bloqueos creativos son el tema del gran clásico italiano 8 y medio (Federico Fellini, 1963) donde Marcello Mastroianni se convierte en el alter ego del director. Barton Fink (1991), de los hermanos Coen presenta también la sequía creativa, esta vez de un guionista.

Pero no podemos olvidar al gran Ed Wood (Tim Burton, 1994), que nos relata la historia del “peor” director de cine o a Cecilia, de La rosa púrpura del Cairo (Woody Allen, 1985), a quien de tanto ver una película, se le concede el deseo de muchos: que el actor del filme, atraviese la pantalla y nos lleve con él a la ficción.

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