Así era San José, según Magón

Cumplen 80, 100 y 105 años seis cuentos en los que Manuel González Zeledón habla de la capital

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¿Cómo se vería el Parque Central con higuerones? ¿Y las casas de los barrios josefinos con morales y vástagos de guineo? Su vecino saliendo de casa con pañuelo de cola de gallo o las señoras entrando al circo con vestidos de crinolinas y vuelos.

Esas son las imágenes que describe Manuel González Zeledón, el reconocido Magón , en sus cuentos y cuadros de costumbres, que le valieron seguidores y detractores entre los analistas de la obra literaria y la historia nacional.

De sus escritos, seis que hablan de San José y su gente celebran aniversarios importantes en 2013: Cal de concha , Tapicería fina y El tren de las dos fueron publicados de 1933, en diciembre, octubre y junio, respectivamente, y cumplen 80 años.

El mozotillo de Pochet y Para justicias, el tiempo cumplen 100 años en diciembre (publicados en 1913). El sexto es Un discurso imperecedero , que es de 1908 y llega a 105 años.

En estas páginas encontrará una ilustración que compara las escenas retratadas por Magón en sus obras –ambientadas a finales del siglo XIX y principios del siglo XX– con las condiciones actuales de la ciudad de San José, sus costumbres, el vestuario de la gente y otros detalles particulares, como las reacciones ante la llegada, por primera vez, de un famoso circo.

¿Así somos?

El historiador Raúl Arias, del Centro de Investigación y Conservación del Patrimonio Cultural, asegura que “a finales del siglo XIX, más o menos cuando Magón estaba joven, Costa Rica había invertido mucho dinero del sector cafetalero en infraestructura, San José se llenó de edificios de estilo europeo, muchos arquitectos e ingenieros que vinieron de Europa se quedaron acá y se generó una uniformidad de edificios de ese estilo, junto con parques que se veían muy bonitos porque seguían un estilo un poco copiado de lo que se estaba haciendo en Francia”.

Esto se percibe en el relato del escritor y costumbrista, quien recoge la belleza de ciertos lugares en contraste con la pobreza o aire pintoresco de otros. Pero pocas veces se retrata que en esa época la división de clases era de extremos: no existía la clase media.

“Socialmente las clases estaban muy divididas, ya la clase cafetalera se había desplazado del centro hacia barrio Amón, con casas de estilo victoriano, lo mismo que el barrio Aranjuez. Ya en el siglo XX surgieron Escalante y Dent, mientras la clase trabajadora se desplazó al sur, con barriadas populares”, explica Arias.

Sin embargo, los analistas modernos de la obra de Magón sí encuentran esas distinciones al hacer una nueva lectura de su obra, en la que los valores más destacados de la pluma magoniana (su estilo coloquial, el relato simple, el humor) se convierten en mecanismo para separar al rico del pobre, al “ilustrado” del “concho”.

El escritor Adriano Corrales Arias, en su ensayo Magón: La insoportable sospecha de la tradición , concluye que en su obra “se procura resaltar lo noble de lo ridículo”, es decir, lo subalterno se desprecia y denigra desde una supuesta posición de compresión y ternura por esa “inocencia” como debilidad humana del concho, del campesino, por extensión, del pueblo costarricense”.

Además, asegura que “no hay duda, Magón es el padre del choteo nacional, de la “agarrada de chancho”. Acaso gran parte de nuestra historia literaria esté marcada por ese dudoso origen”.

Tanto Corrales como la filóloga María Amoretti atribuyen al discurso de Magón características voluntarias de construcción de una realidad conveniente, mientras el historiador Arias interpreta la posición de Magón como reflejo de su realidad.

“Mientras Magón vivió en el país, por ejemplo, el Mercado Central era popular, la élite no iba: compraban en almacenes. Se interrelacionaban pobres y ricos en la Avenida Central, o alguna vez utilizando el tranvía, juntos pero no revueltos. Costa Rica estaba socialmente dividida, pero era muy bonita, gracias al capital derivado del ciclo cafetalero. Eso se plasma en su literatura, esa Costa Rica que ha logrado identificar y mantener costumbres de pueblo, aunque él no era de la clase trabajadora. Se podría decir que era de la clase acomodada de la época y disfrutó todo eso”, explica Arias.

A su alcance

Sea con nostalgia o con ojo crítico, usted puede conocer y releer los cuentos de Magón en libros de la Editorial Costa Rica (ECR) y la Editorial de la Universidad Nacional a Distancia (Euned).

La recopilación de la ECR se hizo en un solo tomo, con el título La propia y otros cuentos y por el precio de ¢7.000. La de Euned tiene tres tomos: El clis de sol y otros cuentos , a ¢2.100 (pasta dura); La propia y otros cuentos , por ¢940 (pasta suave) y El cacao del año y otros cuentos , ¢940 (pasta dura) ¢1.000 (pasta suave).

En la ilustración encontrará datos y algunos textos, que describen la ciudad, según Magón .

Hace siglos...

En el centro de San José, aunque no eran clase media, existía una pequeña población de artesanos y comerciantes, que vivían de venderle servicios y productos a la élite y estaba por encima de la clase trabajadora.

Todas las ventajas que ofrecía la educación secundaria europea se podían encontrar en el Liceo de Costa Rica o el Colegio Superior de Señoritas, que eran de élite. Los pobres tenían acceso porque había becas, pero sí eran instituciones creadas para la población acomodada.

Fuente Raúl Arias, historiador.

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