Museo Metropolitano de Nueva York exhibe plumas milenarias de Perú

Doce paneles de 2,1 x 0,60 metros con plumas amarillas y azules


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Doce paneles de plumas de guacamayo fechados entre los siglos VII y X, pertenecientes a la extinta cultura Wari de Perú, estarán hasta el 2 de marzo de 2014 en el Museo Metropolitano de Nueva York.Encontrados en febrero de 1943 por unos campesinos en donde se juntan los ríos Ocoña y Churunga en el sur del país, estos paneles precolombinos conservados casi intactos se hallaban dentro de unas vasijas de la misma época enterradas entre círculos concéntricos de piedra en un lugar sagrado o “hueca” que llamaron Corral Redondo.

“Era un lugar que, tanto la cultura Wari y la civilización posterior, la Inca, utilizaban para sacrificios individuales, según la documentación recopilada. Y, según las investigaciones, las plumas, en ambas culturas, son señal de lujo”, explica a Efe Heidi King, investigadora adjunta del departamento de artes de África, Oceanía y América del museo Metropolitano de Nueva York.

Además de la belleza de sus plumas azules y amarillas, los colores originales del guacamayo de la selva peruana, el interés por estos doce paneles de 2,1 x 0,60 metros también reside en los enigmas que despierta.

En la cultura Wari, considerada uno de los primeros imperios de Latinoamérica y que se presume fue absorbida por la civilización Inca, sorprende la exquisita técnica de elaboración de los paneles: anudadas una a una las plumas y formando, sin aparente corte y sobre una tela de algodón, separaciones perfectas entre los cuadrados azules y amarillos.

“Sobre madera y metal las solían pegar pero sobre tela aplican esta técnica todavía más complicada, que consiste en una red de nudos que las mantiene fijas en la tela, en muchísimas capas superpuestas”, explica King.

La investigadora considera estas piezas una de las obras más atípicas y lujosas del arte de Perú antes de la llegada de los colonos españoles en 1532.

Por otro lado, el guacamayo, cuyas plumas dan color a las obras  (expuestas ahora como una especie de pared de plumas en el ala de Michael C. Rockefeller en el museo neoyorquino), es procedente de la selva y es difícil explicar cómo llegó casi a la costa del Pacífico.   

Para llegar hoy a Corral Redondo desde Arequipa, la ciudad importante más cercana, se tardan diez horas en coche por complicadas carreteras.

Preguntas

“Es un misterio. Creemos que los Wari eligieron esos pájaros por su color, no por un valor simbólico concreto. Pero tampoco se sabe por qué el azul y el amarillo”, asegura King.

En este sentido, apunta que los paneles, a cada lado, tienen unas cuerdas que “indican que estuvieron colgados a algo, pero tampoco sabemos a qué”, aunque los estudios históricos indican que quizá cubrieran las paredes de lo que pudo ser un santuario wari.

Lo que sí se sabe es que tanto los waris como los incas mantuvieron a buen recaudo estos paneles, dentro de las vasijas de cerámica y en una zona muy seca, casi desértica.

“Las técnicas de conservación con materiales naturales de ambas culturas eran muy avanzadas”, explica King, y añade que desde el museo, aparte de la preservación, no han tenido que realizar ningún trabajo de restauración.

La cultura wari, que existió entre los siglos VII y X, destacó por sus labores de ingeniería civil, agricultura e irrigación, pero solo su legado artístico ayuda a conocer sus inquietudes culturales.

Su diseño minimalista pero su sofisticación formal atrajo a artistas como el pintor Max Ernst, quien compró uno de los paneles que ahora se exponen en el Metropolitan, cedido por la fundación de su mujer, Dorothea Tanning.

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