Thelmo Vargas comenta el filme El precio de la codicia


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Es el final de un día cualquiera en Wall Street... ¿o no lo es?

La propuesta de la película El precio de la codicia (Margin call) es una crónica de 24 horas dentro de un banco de inversión que fue el disparador de la crisis financiera generada por los bonos subprime y que sacudió al mundo en el 2008, con epicentro en Estados Unidos.

El filme, estrenado esta semana en Costa Rica, se inspira en la jornada durante la que Lehman Brothers decide liquidar todos sus activos tóxicos. Con su relato, brinda una radiografía de la operación en un banco de inversión, incluyendo los riesgos, brechas y disonancias que han sido señaladas en múltiples ocasiones como las verdaderas causantes de la crisis.

EF invitó al economista Thelmo Vargas a ver El precio de la codicia en el cine Magaly.

¿Qué le pareció la película?

Muy interesante. La ambición es una buena palabra, pero cuando es más de la cuenta se llama codicia, de modo que el título está muy bien colocado.

Para usted, ¿cuál es el papel de la codicia en el argumento y en la crisis en general?

En el sistema financiero se tornó muy corriente pagar en función de resultados inmediatos, no a largo plazo. En esas condiciones, la gente tiende a hacer lo que sea con tal de ganarse una bonificación y esto los llevó a comerse el futuro a cambio de ganar mucho hoy. Por eso, durante la película preguntaban cuánto se ganó aquel, cuánto este y cuánto el otro. Además, existe la creencia de que muchos ejecutivos no generan todo lo que se ganan, pero sí llevan un esquema de vida notable: ganaban muchísimo dinero y esto los llevó a tomar acciones especulativas.

En la película se percibe una brecha generacional. ¿Cómo se llegó al extremo de que algunos jefes no entendieran las herramientas de la empresa?

Al mundo de las finanzas entró mucha gente joven cuya preparación era en matemática y computación, con lo que se creó una distancia muy grande entre el financista mayor y estos jovencitos. Ellos operaban modelos matemáticos que los financistas no podían entender. Eso muestra una ineficiencia del gobierno corporativo, porque no puede estar alguien en la cúspide y no entender lo que se hace abajo. Inclusive hay una regla de manejo de riesgo: una junta directiva no puede tomar acción con una herramienta que no entiende. Pero a veces también pasaba que los que estaban abajo no se daban cuenta de las consecuencias de lo que estaban haciendo. Este problema de la separación se mantiene en el mundo financiero.

¿En qué momento la ética pudo haber variado desarrollo el desarrollo de la historia?

En materia de negocios, lo deseable es que las empresas se comporten como que su interés es mantener relaciones duraderas con los clientes: no le venden un producto que es malo, porque se arriesga a perder la confianza. Inicialmente uno de los personjes dice que no puede venderle a sus clientes esa cochinada y si se hubiera mantenido, pudo evitar muchas cosas. Posiblemente, de momento, los clientes no se den cuenta, pero después van a decir “Hijo de pe, por qué usted me vendió aquello y nos dimos cuenta de que ese día vendieron todo. Quiere decir que ustedes tenían información y abusaron de nosotros, ustedes contaminaron por razones poco éticas el mercado”.

¿Se puede prever este riesgo en otro tipo de transacciones?

A mí una vez –porque yo he tenido varias propuestas así, indecorosas– una empresa que vendía bonos o títulos de un fondo, que no se podían vender en Estados Unidos, me decía: “Mire, Thelmo, la comisión es tal, y como usted tiene buenas relaciones...” Y yo pensaba “¿Usted cree que yo, por ganarme $50.000 en un año, voy a ir donde mis amigos a embarcarlos?”. Después se viene una baja y de qué me sirvió la plata si ya no tengo ni un solo amigo. Hay que salvar la tranquilidad, pero hay gente que dice: “Yo vendí y no sabía que iba a salir mal” ¡No sabía que iba a salir mal! Uno debe saber de dónde viene lo que vende.

¿Cuál enseñanza puede quedarle al sector a partir del filme?

No tomar políticas muy arriesgadas y privilegiar las relaciones sinceras con los clientes. Y otra figura interesante es el que suena el pito, en inglés se dice whistle blower , que es algo así como el acusetas: promover políticas para que los colaboradores denuncien situaciones contrarias a los códigos de ética, porque la mayoría de las cosas negativas suceden con la colaboración de una persona de la organización. Creo que sería muy útil para personas que trabajan en la Bolsa, para que tomen precauciones.

En contexto

Estimulación del crédito. El Estado, para evitar una recesión por la burbuja de las firmas .com (2001) estimula el crédito e invita a instituciones financieras a comprar hipotecas, para que los bancos reinvirtieran en financiamiento.

Seguridad. Al saber que los títulos sobre las hipotecas se los compraban en poco tiempo, los bancos y otros comenzaron a incluir en los paquetes hipotecas basura.

Abundancia. Los títulos eran tan rentables que muchas empresas llegaron a tener el 80% de sus inversiones en activos tóxicos.

Final. El sector ideó productos que con las cuotas no cubrían los intereses, al hacer ajustes los deudores devolvían las casas y los precios caen.

Fuente Thelmo Vargas.

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