Acariciar el cielo mientras se golpea el suelo

El flamenco llegó a Costa Rica para quedarse

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Una guitarra desgarra el silencio mientras sus acordes trinan una minera. Suenan tres golpes de un cajón que empieza a marcar un fandango, mientras se suman a su percusión unas castañuelas.

El ayeo del cantaor le anuncia a la bailaora que pronto será su turno. “Dicen que los años son los hijos del tiempo”, empieza a sonar el cante.

Sin perder la firmeza de sus pies en el suelo, ni el fuego de la mirada que quema al público, eleva sus brazos al cielo, mientras dibuja con sus muñecas pequeños círculos en el aire.

Es el duende quien la inspira, ese estado sublime, “fuente de lo ‘hondo’, que sube por dentro, desde las plantas de los pies”, explica Paulina Peralta, directora de la academia de baile flamenco que lleva su mismo nombre.

Aunque muchos consideran que es innato, Rocío González, que tiene 30 años de bailar, piensa que el llamado duende se alcanza con esfuerzo, disciplina y disposición para aceptar la crítica y mejorar la técnica. “Una vez que yo supero todo eso, encuentro el gusto por esto que hago. Ese disfrute es, para mí, el duende”, explica.

Tal vez por eso es tan exigente con las 40 alumnas que tiene en Casa Al Andalus, academia que heredó de su mamá, quien la fundó en los ochentas en el país.

“El flamenco es una disciplina difícil: requiere tiempo y dedicación. Cada bailaora evoluciona de forma individual, de acuerdo con sus habilidades naturales y con las destrezas que va desarrollando. Mi familia es andaluza, mi suegro es un flamenco; entonces, le debo un poco de respeto a este arte”, asegura.

¿Hay una edad mínima o máxima para iniciarse? Peralta, González y Allan Naranjo, bailaor y director de la academia que lleva su mismo nombre en Casa España, coinciden en que se puede empezar desde los cinco años, siempre que sea voluntario y no forzado. En las tres academias hay alumnos que superan los 60 años.

La inversión requerida incluye unos zapatos con suela de madera y metal (que valen unos ¢40.000), una falda de ensayo (¢25.000), un leotardo (¢15.000) y los accesorios que van aprendiendo a utilizar paulatinamente.

Los trajes que utilizan en las galas y presentaciones públicas pueden costar entre ¢15.000 y ¢70.000, pero suelen ser utilizados en diversos espectáculos que presentan en el año.

La comunión tripartita

Declarado patrimonio inmaterial de la humanidad en el 2010, el flamenco es una danza que se caracteriza por combinar la fuerza con la delicadeza y la expresión.

“Precisamente”, asegura Naranjo, “esa riqueza es lo que le permite interpretar cualquier emoción”, por medio de los cientos de palos que existen, que, además, tienen sus derivaciones.

Fandangos, tangos, sevillanas, alegrías, soleá, bulerías… “Ningún palo es fácil, pero hay unos más difíciles que otros”, dice Peralta. No es solo la velocidad, también los vuelve difíciles el ritmo –que en muchos casos lleva un compás muy distinto del que se cuenta en los ritmos tropicales– la cadencia y la emoción que cada palo transmite.

Además, cada uno es un reto distinto para quien lo baila, quien lo canta y quien lo toca, tres figuras que deben sostener un diálogo melodioso y complementario, donde todos puedan destacar sin interrumpirse entre sí.

A veces bastará la presencia del bailaor y la gracia de sus movimientos. Pero en otras ocasiones, querrá agregar algún elemento de dificultad y belleza, como castañuelas, abanicos, bastones, sombreros, que deberán formar parte del diálogo, sin que parezcan un accesorio, sino más bien, una extensión de su cuerpo.

“No sabría decir cuál es mi favorito. Para aprender a usarlos, se debe ir despacio. El flamenco es un lenguaje: hay que aprender a pronunciar correctamente las palabras y a crear frases con ellas”, dice González.

¿Flamenco a lo tico?

Aunque se cree que el flamenco es un baile español, su verdadero origen está en los gitanos que llegaron a Andalucía, al sur del país europeo, hace más de 500 años.

“La idiosincrasia de los andaluces, donde destaca el gusto por la música, el sentido de la fiesta, su oficio como artesanos y comerciantes especializados, fue lo que permitió la unión gitano-andaluza”, explica Peralta.

“Fue una conjunción fortuita en espacio y tiempo de las culturas adecuadas. Nació en las familias, y ahí lo bailaban todos sus miembros (hombres y mujeres)”, añade González.

Fueron los migrantes quienes trajeron esa danza a Costa Rica, hace varias décadas. “El primer grupo de gitanos que conocí radicó por la Clínica Bíblica hace unos 65 años”, cuenta Peralta.

Desde entonces, coinciden los entrevistados en que ha crecido el interés de los costarricenses por esta disciplina, lo cual se nota en la cantidad de artistas que vienen al país cada año, y en la asistencia del público a sus espectáculos. Las academias también aprovechan estas visitas para capacitarse.

“Interés hay mucho y crece año con año, pero el conocimiento todavía queda debiendo”, dice González, y se refiere no solo al público, sino también a algunos bailores en el país, que, en su opinión, no le dedican suficiente estudio a este arte y sus raíces.

En España, los bailaores le dedican al menos ocho horas diarias al flamenco, además de que para muchos es algo parte de su cultura innata. Aquí en cambio, quienes bailan esa danza lo hacen como un hobby , por lo que suelen dedicarle mucho menos tiempo.

Aún así, tratan de respetar la raíz flamenca para que el duende pueda mover sus cuerpos al compás de una guitarra que cuente las historias de Andalucía.

En agenda

- Flamenco a la carta. Casa Al Andalus presentará su espectáculo el 15 de diciembre, en el Teatro Espressivo en Momentum Pinares. La entrada vale ¢10.000. Más información al 8342-4083

- Madre Tierra. La Escuela de Flamenco Paulina Peralta ofrecerá dos funciones en marzo. La del 16 será a las 8 p.m. y la del 17, a las 11 a.m. y a las 5 p.m. Ambas serán en el Teatro Popular Melico Salazar. Más información al 8376-4122 o al 8716-3872.

- De flamenco y otras pasiones. Allan Naranjo Academia de Flamenco presentó su espectáculo en noviembre de este año. Más información al 8997- 1613.

Fuente Academias consultadas.

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