Columna Clase Ejecutiva: Aurora y Costa Rica


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En Afganistán una joven desposada contra su voluntad intentó escapar de la esclavitud de su marido. Entre su esposo y su cuñado la desfiguraron, cercenándole orejas y nariz.

En China, mujeres se embarazan a escondidas por segunda vez. Las autoridades les practican abortos forzosos.

En Pakistán, una mujer de 14 años oculta su identidad para exigir su derecho a estudiar. Es baleada en la cabeza.

En Costa Rica, una joven carga en el vientre a una criatura que no logró formar su cerebro y no podrá vivir. Las autoridades médicas le niegan el aborto terapéutico. Tras siete horas de labor, da a luz una niña muerta.

Por favor, que nadie venga a alardear de nuestros derechos humanos. Que nadie se rasgue las vestiduras con lo que sucede allende del océano, si aquí ocurre lo que ocurre.

O lo que está por ocurrir. En este momento una mujer llora todos los días de su embarazo. Es profesional en salud, tiene vocación de cuido y, lo ha dicho, protegería a su bebé si naciera enfermo. Pero el ser que se gesta en su interior sufre un síndrome que desafía la más trágica de las ficciones. Es una realidad que no se anduvo por las ramas y nos dejó sin habla. Su bebé tiene abierta la pared abdominal y expuestas las vísceras: hígado, corazón, intestinos. Tampoco tiene piernas ni la más mínima esperanza de sobrevivir. Y eso lo supieron la madre y los galenos desde la octava semana del embrión.

Pero en esta Costa Rica civilizada se le niega la interrupción del embarazo. ¿Para que no sufra quién? ¿Para que sea menor cuál dolor? ¿Quién gana qué con la prolongación de este sufrimiento? ¿Qué espesa lógica impide que se le practique ahora una cesárea que la sustraiga de esta pesadilla?

Pecamos todos de negligencia criminal por la no asistencia a una persona en peligro. ¿En qué difiere esta mentalidad de la que prohíbe a los Testigos de Jehová, por ejemplo, salvar la vida de sus bebés con una transfusión de sangre? ¿Con qué derecho nos escandaliza un talibán?

Aurora, como se la identifica, merece una cesárea. Cualquier otra cosa es tortura.

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