El placer va sobre rieles

Los viajes en tren, aun en el siglo XXI, conservan un encanto especial

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La mayoría de la gente viaja a todos lados en avión pero, para descubrir un territorio y explorar su geografía, lo ideal es el tren e ir a la velocidad del paisaje.

La sensación del movimiento es placentera, el sonido de la chicharra emociona y, en algunos casos, el viaje puede tener mucha adrenalina como con el tren de cremallera más alto del mundo: el Manitou & Pikes Peak.

Este peculiar ferrocarril está emplazado en el Pikes Peak, la montaña más visitada de Norteamérica, 16 kilómetros al oeste de la ciudad de Colorado Springs, en el estado de Colorado. Si bien se puede llegar a la cima en auto o a pie (por el Sendero de Barr) la forma más llamativa de hacerlo es a bordo de este tren que, en un recorrido de 14 kilómetros, trepa los 4.302 metros y funciona desde 1891.

Los primeros trenes de montaña, como los de Suiza, nacieron con el fin de disfrutar majestuosas vistas en las cumbres. Mientras que los de Los Andes eran una gran herramienta para hacer vínculos sociales y comerciales. Y el gran desafío era subir escarpadas laderas, reduciendo la pendiente o bien usando sistemas de cremalleras para aumentar la adherencia entre la locomotora y los rieles. Los trenes convencionales se mueven usando la fricción de las ruedas sobre las vías, provista por la fuerza de la locomotora. En cambio, para pendientes agudas los de cremallera usan una rueda dentada que va por una vía especial (montada en el medio de las vías tradicionales).

Hacia el este

Viajar a la India siempre es una aventura, y una travesía en tren por uno de los países más religiosos del mundo y el segundo más poblado del planeta no se hace todos los días. La empresa estatal Indian Railways es la encargada de trasladar a más de 5.000 millones de pasajeros en ese gigantesco país. Un periplo imperdible va de Varanasi a Rajastán pasando por el Taj Mahal, maravilla del mundo moderno.

El viaje empieza en el corazón de India: Varanasi, ciudad milenaria y sagrada del Ganges. Luego de abrirse camino por sus caóticas calles con autos, rickshaws (taxibicicleta), autorickshaw (mototaxi), camiones, carros, vacas sagradas, perros, gente y excrementos por doquier, se llega al mítico río. El gran momento es el amanecer.

El siguiente punto es Agra, excapital del imperio mogol (que dominó India entre el siglo XVI y mediados del XIX) que aún conserva bellos edificios mezcla del sobrio estilo islámico con el decorado hindú. Así resultaron construcciones como el Taj Mahal y el Fuerte Rojo, donde vivieron los emperadores mogoles. El Taj Mahal se aprecia mejor a las 6:30 de la mañana y puedes ver cómo la luz lo colorea lentamente.

De Agra se va a Nueva Delhi, capital desde la llegada de los ingleses en 1911.

La siguiente parada es Jaipur, capital de Rajastán, tierra de marajás y encantadores de serpientes. La ciudad con casco antiguo rosa fue fundada en 1728.

Otra posibilidad es hacer una visita al Tíbet, comenzando en Pekín, con trámites y permisos para viajar ya que hay que ir con guía y chofer contratados en agencia. Para sacar los pasajes de tren se necesita autorización para entrar al país de las nieves, por ello hay que planificar el viaje con tiempo. Muchas veces, si el papeleo se atrasa solo se consiguen billetes en asiento y no en camarote. Algo incómodo para un viaje de más de 4.000 kilómetros en 48 largas horas en posición vertical. Además de tener algunos de los trenes más rápidos del mundo (como el que une Pekín y Cantón) China ha incorporado el Qingzang. No solo es el tren más alto del globo sino que además es el primer tren que une Tíbet con cualquier otra provincia china. Esta proeza ferroviaria tiene más de 960 kilómetros de vías por encima de los 4.000 metros, 550 kilómetros de rieles construidos sobre hielo eterno y 675 puentes.

Sin duda, el tren cambió radicalmente la atrasada situación del sistema de transportes del Tíbet pese a la resistencia de su pueblo para impedir la entrada de chinos y turistas que atentan contra la cultura tibetana, que durante mucho tiempo se mantuvo aislada. De Golmud (a 2.832 metros de alto), la línea discurre por el sudoeste subiendo hasta la cima de la cordillera Kunlun a 4.780 metros. Un ascenso de casi 2.000 metros en solo 200 kilómetros y el trazado sigue hasta llegar a su punto más alto, en el paso de Tanggula, a 5.072 metros. Y de allí, la línea encara el descenso hasta Lhasa, a 3.628 metros.

El verde de las praderas del primer día ha quedado atrás y surge un paisaje estepario salpicado de nieve. Aunque el oxígeno a esas alturas se reduce, dentro del coche no se siente el efecto ya que la formación libera oxígeno y los vidrios tienen protección ultravioleta. El Tíbet se acerca y el tren avanza entre altísimas y escarpadas cordilleras. .

Hasta California

Viajar por Estados Unidos es fascinante y si además se hace en el California Zephyr la experiencia es inolvidable.

Ideal para fanáticos de trenes, historiadores apasionados y viajeros con tiempo. El recorrido de casi 4,000 kilómetros atraviesa, en unas 51 horas, Illinois, Iowa, Nebraska, Colorado, Utah, Nevada y California.

Una de las mejores etapas del trayecto es la sucesión de cañones: Byers, Gore, Red y Glenwood, entre otros. Al llegar al Cañón Ruby, el tren se despide del río, entra a Utah y sigue al oeste por el desierto.

Fuente El Nuevo Día / GDA / Puerto Rico.

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