Sistema de bandas cambiarias funciona a medias tras siete años de operación

Un tipo de cambio presionado a la baja y el piso fijo le restan flexibilidad al esquema cambiario

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Vinieron a quebrar décadas de dogma cambiario: el 17 de octubre de 2006, las bandas irrumpieron en el escenario como un heraldo de la transformación.

Modificaron la devaluación constante del colón propia de las minidevaluaciones y trataron de imprimirle más flexibilidad al tipo de cambio.

Prometían abrir espacio para que el Banco Central de Costa Rica (BCCR) enfocara su artillería en luchar contra la inflación.

Presagiaban incertidumbre: de repente el tipo de cambio pasó de ser una certeza a un riesgo.

Entreabrían la puerta para que el sistema financiero desarrollara productos nuevos en el mercado local, con los cuales los empresarios podían vacunarse del novel riesgo cambiario.

No obstante, siete años después de su llegada, las promesas de las bandas han sido cumplidas a medias.

Una de sus principales huellas se dejó sentir en un menor ritmo de crecimiento de los precios al consumidor, según el economista Francisco de Paula Gutiérrez quien, desde la presidencia del Banco Central, impulsó la implementación de las bandas.

Pasar de inflaciones de 15% y 13% a la actual, contenida entre los límites del rango meta del BCCR de 4% a 6%, fue un cambio bienvenido.

Sin embargo, quedan asuntos pendientes y prueba de ello es que las bandas han faltado a su primera promesa, aquella de que serían transitorias para darle paso a la flotación administrada. Siguen aquí y no hay indicios de que serán sustituidas a corto plazo.

Fluctuación mínima

Uno de los objetivos por alcanzar todavía es que el tipo de cambio oscile de manera que tanto el sector productivo como los individuos interioricen la existencia de un riesgo cambiario.

Durante los siete años de vigencia de las bandas, el tipo de cambio ha vivido la mayor parte del tiempo abrazado al límite inferior, el cual desde julio del 2008 está fijo en ¢500,00.

El único momento de excepción se dio entre mediados de 2008 y finales de 2009, cuando el colón se devaluó en los albores de la crisis económica mundial.

“Era claro que el colón estaba depreciado en términos reales cuando se acordó la migración hacia un esquema de mayor flexibilidad cambiaria, como lo reflejó el comportamiento del tipo de cambio en la primera parte del proceso. Pero el tipo de cambio real continuó apreciándose”, señaló Gutiérrez, quien actualmente funge como profesor del Incae.

El proceso de apreciación del tipo de cambio real, que indica la relación entre el poder de compra de una divisa en relación a otra, se inició 10 meses después de implementada la banda cambiaria y se mantiene hasta hoy.

El Índice de Tipo de Cambio Efectivo Real Multilateral (Itcer) pasó de 102,9 puntos en octubre de 2006 a 74 puntos en agosto de este año, la cifra más reciente calculada por el Banco Central. Esto representa una apreciación real del colón del 28%.

En el plano nominal, el tipo de cambio no sobrepasa los ¢512 desde diciembre de 2012, y durante este año en contadas ocasiones se ha acercado a los ¢505.

Esa estabilidad en el valor de la moneda es producto de una combinación de las presiones generadas por la política de las economías desarrolladas para reactivar sus motores productivos y un piso de la banda fijo.

La Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) mantiene un programa de estímulo con el que compra $85.000 millones al mes en bonos del Tesoro y bonos respaldados con hipotecas. El objetivo es mantener bajas las tasas de interés a largo plazo y propiciar el crecimiento del crédito.

Esas inyecciones de liquidez no se han quedado solo en Estados Unidos, tierra de bajos de rendimientos para los inversionistas de activos financieros.

Varios de esos dólares han encontrado el camino hacia Costa Rica manteniendo la presión a la baja en el valor de la moneda estadounidense y sus fluctuaciones mínimas debido a la intervención del Banco Central cada vez que el tipo de cambio baja de ¢500.

“Las bandas fueron bien planteadas originalmente con una línea superior ascendente y otra inferior descendente. Pero la presión de los grupos interesados hicieron que el BCCR dejara fija la banda inferior y convirtiera el sistema en un tipo de cambio fijo”, aseguró Jorge Guardia, expresidente del Banco Central.

De haberse mantenido las pendientes de los límites, el espacio que tendría el tipo de cambio para flotar sería de ¢700 colones entre un techo de ¢800 y un piso de ¢100, según calculó el economista Leiner Vargas.

De bandas a muletas

Los años de estabilidad en la cotización del dólar han impedido que empresarios y hogares asimilen la existencia de un riesgo cambiario.

Aprender a lidiar, y especialmente a protegerse, de estas fluctuaciones es vital para que el país de el salto hacia un sistema de flotación administrada donde la inexistencia de bandas podría traducirse en más movimiento en el mercado de divisas.

“Los agentes económicos perciben una estabilidad cambiaria que les lleva a tomar mayores riesgos de lo que es socialmente aceptable, entre ellos, endeudarse en dólares siendo no generadores y a que los bancos se estén endeudando peligrosamente en el exterior”, aseguró Rodrigo Bolaños, presidente del Central.

Ambas son conductas señaladas como riesgosas con frecuencia por el jerarca, que acompaña sus reprimendas con llamados a la prudencia.

Las cifras explican la preocupación. Un 49% de la cartera de crédito, que ascendía a mediados de este año a ¢5,3 billones, estaba dolarizada.

Los préstamos en dólares otorgados a personas o empresas que generan ingresos en colones ascendían a ¢4,1 billones, un 78% de todos los préstamos denominados en moneda extranjera, según datos de la Superintendencia de Entidades Financieras (Sugef).

La percepción de estabilidad cambiaria también ha afectado el desarrollo de un mercado de instrumentos para cubrir los riesgos generados por un tipo de cambio fluctuante.

Pese a los años de vigencia de las bandas, los principales consumidores de coberturas cambiarias siguen siendo las empresas multinacionales con operaciones en el país y algunas grandes empresas. La demanda por estos instrumentos todavía es limitada.

“Los empresarios se acostumbraron aun cuando no estén, algunos de ellos, conformes. A como está la situación cambiaria en la actualidad, puede ayudarles la estabilidad del colón a realizar sus cálculos económicos. Creo, sin temor a equivocarme, que estamos en una zona de confort cambiario”, estimó el economista Juan Muñoz.

Misión cumplida

Con estas falencias a cuestas, la banda ha logrado anotarse victorias que también son de peso.

Los depósitos en el sistema financiero han experimentado un proceso de colonización. Durante los años de las minidevaluaciones la moneda por excelencia para el ahorro fue el billete verde estadounidense, que ganaba valor a diario.

Ahora la combinación entre una moneda local con una renovada capacidad para retener su valor y tasas de interés más favorables, ha captado la atención del ahorrante. Todavía un 41% de los depósitos están denominados en moneda extranjera, pero el colón gana terreno.

Parte de ese proceso se debe a otro efecto de la banda cambiaria: el control de la inflación.

Durante décadas, el ritmo de crecimiento de los precios al consumidor de dos dígitos fue la triste norma en Costa Rica.

Sin embargo, desde 2009 el Índice de Precios al Consumidor (IPC) mantiene una variación anual contenida en el rango meta establecido por el BCCR entre 4% y 6%.

Empero, la dinámica actual de la misma banda ha puesto en peligro su mayor logro.

Las compras que realiza la autoridad monetaria para defender el piso de la banda se traducen en excesos de liquidez en la economía. Una amenaza para la meta de inflación.

En los últimos nueve meses, el Central colocó cerca de ¢800.000 millones en deuda para comprar casi $1.600 millones en el mercado de divisas. El endeudamiento representa casi 3 puntos porcentuales del Producto Interno Bruto y es más de lo que ha colocado el Ministerio de Hacienda en deuda interna lo que va del año.

El precio que paga el BCCR es la credibilidad de su meta de inflación. Desde marzo de este año, la proyección promedio de inflación entre más de 80 economistas encuestados supera el 6%.

¿Hasta cuándo?

La gran pregunta es hasta cuándo se mantendrá la banda cambiaria en funcionamiento. ¿Fueron suficientes siete años?

No hay respuesta única y parece ser una decisión más política que económica. De ser así, las bandas podrían quedarse algunos años más. Los candidatos presidenciales, excepto Otto Guevara del Movimiento Libertario, han afirmado que mantendrían el esquema cambiario al menos de manera temporal.

La presión del sector productivo es fuerte. A inicios de este año, la discusión arreció cuando declaraciones de Bolaños fueron interpretadas por los exportadores como una señal de que la migración hacia un sistema de flotación administrada estaba cerca.

En el pulso, los representantes del sector exportador, principal afectado de la apreciación del colón con respecto al dólar, salieron gananciosos. La migración fue pospuesta ante el temor de que borrar el piso de la banda trajera una apreciación que algunas empresas no pudieran soportar.

“A principios de año prevaleció la tesis de mantener el piso para evitar una apreciación nominal adicional de la moneda. Mientras esa decisión se mantenga, va a ser difícil moverse a una flotación administrada, salvo que el tipo de cambio de mercado se despegue del piso de la banda de una manera significativa y las autoridades del Banco aprovechen el espacio para eliminarlo”, comentó Francisco de Paula Gutiérrez.

La pregunta, entonces, es si el valor del dólar puede extender la ligera tendencia al alza que experimentó a mediados de setiembre, cuando registró sus valores máximos en el año.

Un golpe de timón en la política de la Fed, cerrando la válvula de liquidez, ayudaría a elevar el tipo de cambio.

Aquí también influye el déficit fiscal, la gran distorsión de la economía. El faltante de dinero en las arcas del Gobierno ha estimulado el endeudamiento externo y ese influjo de dólares también afecta el tipo de cambio.

“Las entradas privadas de capital son insuficientes para financiar el déficit de la cuenta corriente de la balanza de pagos. Entonces, el tipo de cambio tendería a subir”, aseguró Jorge Guardia.

Factores a favor y en contra hay, y dar el paso parece ser cuestión de voluntad. ¿Está dispuesto el país a aceptar un tipo de cambio por debajo de los ¢500? La respuesta queda en el aire.

A medio camino

Algunos elementos necesarios para la flotación administrada están pendientes.

En marcha

- La vigencia del modelo de bandas cambiarias creó un mercado mayorista de divisas, el Monex, donde las fuerzas de la oferta y la demanda fijan el valor del dólar, entre los límites de la banda

- El Banco Central ha instaurado un sistema de información al público sobre la actividad en ese mercado de divisas. La transparencia es fundamental en la flotación administrada. El mercado de coberturas cambiarias no se ha logrado desarrollar con fuerza debido a que las fluctuaciones del tipo de cambio no alcanzan para incentivar la demanda.

El Banco Central señaló la Tasa de Política Monetaria (TPM) como el instrumento para transmitir su política monetaria a la economía.

Pendiente

- Aunque Monex existe y opera, el mercado es pequeño y tiene imperfecciones.

- El mercado de coberturas cambiarias no se ha logrado desarrollar con fuerza debido a que las fluctuaciones del tipo de cambio no alcanzan para incentivar la demanda.

- La Tasa Básica Pasiva (TBP) sigue siendo la tasa de referencia para el mercado, a pesar de la existencia de la Tasa de Política Monetaria (TPM).

Fuente Consultas EF.

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