Las autoridades de Pekín podrían endurecer todavía más los movimientos de capitales, en contradicción con su voluntad declarada de abrir su mercado financiero

Por: Agencia AFP 15 noviembre, 2016
El banco central chino (PBOC) fijó el martes un cambio de 6,8495 yuanes por dólar, un 0,30% menos que el día anterior y la tasa más baja desde septiembre de 2008.
El banco central chino (PBOC) fijó el martes un cambio de 6,8495 yuanes por dólar, un 0,30% menos que el día anterior y la tasa más baja desde septiembre de 2008.

Pekín. El yuan cayó este martes 15 de noviembre a un mínimo en ocho años ante un dólar fortalecido por la victoria de Donald Trump en Estados Unidos, una presión que complica los esfuerzos de las autoridades chinas para estabilizar e internacionalizar su divisa.

El banco central chino (PBOC) fijó este martes un cambio de 6,8495 yuanes por dólar, un 0,30% menos que el día anterior y la tasa más baja desde septiembre de 2008.

China gestiona el tipo de cambio de su moneda con una tasa de referencia fijada por el PBOC y cuyo valor puede fluctuar un máximo de un 2%.

Tras la decisión, el yuan cayó, como en los últimos días, y en los intercambios internos terminó la jornada en 6,8530 yuanes por un dólar (-0,18%).

La caída de la moneda china, oficialmente conocida como renminbi, se explica por el rebote del dólar tras la victoria de Donald Trump en las elecciones presidenciales en Estados Unidos.

"Por el momento el dólar es el protagonista", dijo Michael Every, un analista de Rabobank.

La elección de Trump podría hacer bajar todavía más el yuan. Los inversores confían no sólo en un aumento de las tasas de la Reserva Federal (Fed) sino también que el nuevo presidente estimule el gasto público, generador de inflación y de aumento de tasas de interés.

"El yuan podría caer mucho más si el presidente Trump se pone en marcha planes masivos de estímulo y medidas proteccionistas", augura Michael Every, que prevé que podría caer hasta 7 yuanes por dólar.

El banco central chino tiene que hacer frente a la vez a una débil recuperación de la economía china, a la liberalización progresiva de su mercado financiero y a sus propios intentos de estabilizar el yuan para fomentar su uso internacional.

Desde la devaluación del 5% en 2015 aprobada por el gobierno, la moneda china sigue bajo presión por las enormes fugas de capital.

"Muchos capitales pueden todavía salir de China a través del reembolso de deudas en dólares o de compras de activos" en el extranjero", indica Dariusz Kowalczyk, un economista de Crédit Agricole.

Por el momento, "el volumen de intercambio de yuanes se mantiene a un nivel muy elevado, lo que suele coincidir con el aumento de las salidas de capitales", explica Jason Daw, de Société Générale.

Para evitarlo, las autoridades de Pekín podrían endurecer todavía más los movimientos de capitales, en contradicción con su voluntad declarada de abrir su mercado financiero.

Aunque un yuan débil podría dar un impulso a las exportaciones chinas, un motor crucial para la economía, también podría tener consecuencias devastadoras.

"Una depreciación fuerte del renminbi aumentaría las fugas de capitales e intensificaría la presión sobre las reservas cambiarias" que el banco central utiliza para comprar yuanes y apoyar así su propia moneda, explica Liao Qun, economista de Citic Bank.

En septiembre, el yuan entró a formar parte de la unidad de cuenta del Fondo Monetario Internacional, una etapa clave para su internacionalización. "Pero si el mercado pierde confianza en la divisa, todo el proceso podría descarrilar", advierte Liao Qun.