Tras la crisis, los tres principales bancos del país quebraron, pero ahora el turismo se ha convertido en el principal motor de la economía y representa un tercio de las exportaciones

Por:  26 marzo
 El turismo se ha convertido en la industria más grande de Islandia, superando a la pesca y la banca. El número de visitantes se acercó a los dos millones anuales en el 2015.
El turismo se ha convertido en la industria más grande de Islandia, superando a la pesca y la banca. El número de visitantes se acercó a los dos millones anuales en el 2015.

Nueve años después de que una gigantesca crisis bancaria convirtió a Islandia en símbolo de la crisis financiera mundial, el gobierno declaró que se había restablecido la estabilidad financiera cuando puso fin a las restricciones largo tiempo vigentes sobre el flujo de dinero que entraba y salía del país.

Sin embargo, incluso mientras cierra un capítulo tenso en su historia económica, Islandia está enfrentando nuevos desafíos debido a la recuperación de su crecimiento; algunos dicen que demasiado rápida para el propio bien del país.

Mientras la economía se ha estabilizado, un aumento en el turismo está avivando un auge de construcción de viviendas, potencialmente planteando nuevos riesgos de sobrecalentamiento e inflación.

El repunte en el crecimiento de Islandia (la economía creció 7,2% el año pasado) representa un notable regreso desde 2008, cuando los tres principales bancos del país quebraron y su moneda y su economía cayeron en picada. Para evitar un colapso directo, el Gobierno impuso los controles de capital a las empresas, los pensionados y los individuos.

“Sin los controles de capital, Islandia habría sufrido un destino mucho más grave”, dijo Yngvi Kristinsson, el economista en jefe de la Asociación Islandesa de Servicios Financieros, un consorcio de bancos y compañías de seguros.

Aunque no probados en ese entonces, los controles de capital desempeñaron un papel esencial en impedir que los inversionistas extranjeros presas del pánico y otros sacaran su dinero de Islandia y diezmaran aún más a su economía.

Inicialmente diseñados para seis meses, se prolongaron casi una década a medida que las autoridades financieras reestructuraban las deudas y buscaban diversificar la economía, la cual había prosperado con base en las exportaciones pesqueras antes de dar un giro hacia el lucrativo, y finalmente peligroso, terreno de las finanzas internacionales.

En ese tiempo, el Gobierno ha estado trabado en una larga disputa con los inversionistas internacionales, después de congelar sus activos en medio de la crisis.

Islandia, una nación isleña nórdica de 330.000 habitantes, ha estado relajando gradualmente los controles durante más de un año, y su eliminación total significa el regreso del país a los mercados financieros internacionales.

Los países por lo general tratan de evitar usar los controles de capital excepto en circunstancias desesperadas porque las restricciones sobre el libre flujo de fondos paraliza a las empresas y causa penurias a los hogares escasos de efectivo.

Los controles de capital han afectado a las compañías al disuadir la inversión y elevar los costos del endeudamiento. Su eliminación debería ayudar a las empresas islandesas a las que no se les había permitido invertir en operaciones fuera del país.

“Por fin”, comentó Georg Ludviksson, director ejecutivo y fundador de Meniga, un vendedor de software de banca digital con sede en Reikiavik. La compañía, con 80 empleados, casi no pudo conseguir los 3,5 millones de euros, o $3,7 millones, en capital aventurero extranjero cuando se estableció en 2009.

“Fue difícil convencer a los inversionistas extranjeros de traer dinero a un país con controles de capital”, dijo Ludviksson. La compañía tuvo que solicitar al banco central una excepción, lo cual “nos desaceleró”, añadió.

Sin embargo, los controles finalmente evitaron una crisis económica extendida en Islandia y protegieron a la economía de una depreciación severa, indicó el gobierno en una declaración antes de su eliminación.

Los activos combinados de los tres bancos más grandes de Islandia eran 14 veces del tamaño de la producción económica de la nación cuando golpeó la crisis en 2008. Cuando la industria colapsó bajo $85.000 millones de deuda, los extranjeros poseían una parte tan grande de esa cifra que al permitirles sacar sus activos se habría corrido el riesgo de devaluar gravemente a la moneda de Islandia, la corona.

Turismo al rescate

El éxito del país en idear una recuperación contrasta con los esfuerzos de Grecia, que usa el euro y no tiene su propia moneda que administrar.

Grecia ha seguido tambaleándose desde que Atenas impuso los controles de capital en 2015 mientras el país parecía estar girando hacia el abandono del euro. Algunas restricciones han sido relajadas, pero se espera en gran medida que permanezcan vigentes en el futuro previsible. En tanto Grecia, ahora en su tercer programa de rescate financiero internacional en siete años, continúe batallando bajo una enorme deuda, los economistas ven poca esperanza de una recuperación.

Islandia, en comparación, no tenía una enorme deuda que pendiera sobre ella, aunque las corporaciones y los individuos debían grandes sumas después de la crisis financiera, la cual algunos siguen pagando.

Las autoridades obligaron a los acreedores a asumir algunas pérdidas y, entre otras cosas, los altos ejecutivos de uno de los prestamistas quebrados más grandes, Kaupthing Bank, fueron sentenciados a prisión.

El Gobierno, que trabaja con el Fondo Monetario Internacional (FMI), adoptó medidas para evitar crisis futuras, incluyendo el fortalecimiento de la supervisión regulatoria de los bancos y la limitación de los préstamos en monedas extranjeras. Las autoridades también buscaron reducir la presencia exagerada de los bancos en la economía alentando el crecimiento del turismo, la pesca, las empresas emergentes tecnológicas y la energía renovable.

Con la corona barata, el turismo despegó mucho más rápidamente que otras nuevas industrias porque los visitantes podían ver las luces boreales y el escarpado paisaje islandés con un gran descuento.

Hoy, el turismo ha estallado para convertirse en la industria más grande de Islandia, superando a la pesca y la banca. Como el número de visitantes se acercó a los dos millones anuales, los ingresos por turismo alcanzaron los $3.000 millones en 2015, un tercio de los ingresos por exportaciones del país. El turismo también es el empleador más grande, representando una décima parte de los empleos.

En general, la tasa de desempleo ha caído a un nivel récord de 2.6%. Los aumentos salariales de dos dígitos están afectando adversamente a la productividad y podrían alentar la inflación, según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos. Muchos islandeses siguen invirtiendo dinero en servicios y nuevas construcciones, y las grúas siguen apareciendo en todo el país.

Y ese parece ser el problema: en una apuesta por reducir la dependencia del país de la finanzas, los islandeses están peguntándose si podrían haber sembrado las semillas de otra burbuja.

El auge actual es más sano que el crecimiento en los años previos a la crisis de 2008, el cual fue impulsado por el flujo de fondos extranjeros, dijo Asgeir Jonsson, un profesor de economía de la Universidad de Islandia.

Sin embargo, el crecimiento en los últimos seis años “ha sido impulsado principalmente por un solo sector de la economía”, señaló.

“Islandia se ha convertido en un destino muy caro, pero el sector turístico sigue calentando a la economía”, dijo Jonsson. “¿Qué se puede hacer para desacelerarlo, prohibir más turistas? Está difícil”.