El gasto de los consumidores aumentó en una cifra sólida de 3%, en el último trimestre pero el fortalecimiento del dólar frente a otras monedas locales esta perjudicando las exportaciones estadounidenses

Por:  22 diciembre, 2015
Entrega de regalos en el evento
Entrega de regalos en el evento "Miracle on 31st Street" (Milagro en la calle 31) en Tucson, Arizona (Estados Unidos). El consumo fue uno de los elementos que logra un repunte favorecedor al crecimiento económico de Estados Unidos.

Washington.- La economía estadounidense continuó su recuperación durante 2015, con un sostenido descenso del desempleo y un sólido crecimiento, aunque la baja inflación y los altibajos mundiales han sembrado dudas sobre la fecha de la esperada alza de tipos de interés, la primera en el país desde 2006.

Los datos apuntan a una expansión económica en torno al 2,5 % en 2015, en línea con el 2,4% registrado el pasado año; y acompañada por una paulatina rebaja del desempleo, cuya tasa se encuentra en el 5%, la menor desde 2008.

El PIB de Estados Unidos creció un 2% en términos anualizados en el tercer trimestre del año, el mismo porcentaje de crecimiento estimado para todo el año 2015.

Insatisfacción. Los datos no parecen suficientes, ya que aunque la Fed reconoce el positivo comportamiento de la economía nacional tras dejar atrás finalmente la "Gran Recesión" , como es conocida la aguda crisis financiera de 2008, el banco central se ha mostrado temeroso de llevar adelante de manera prematura el inicio del ajuste monetario.

Si se compara con otras economías avanzadas como la japonesa o la del euro, atrapadas en unas tasas de crecimiento exiguas, los indicadores de EE.UU. serían motivo de alegría. Pero para la primera economía mundial, habituada a fuertes rebotes tras las crisis, se trata de cifras que sin ser desalentadoras no invitan demasiado al optimismo.

De hecho, el economista jefe del Goldman Sachs, Jan Hatzius, ha calificado esta situación como la "recuperación de la tortuga", apelativo sobre el que la Fed parece estar de acuerdo tal y como refleja su prudencia antes de elevar el precio del dinero.

En un primer momento, las dudas provenían de la baja inflación en EE.UU., apenas por encima del 0%, y muy por debajo del objetivo del banco central del 2% a medio plazo.

Durante todo el año, la presidenta de la Fed, Janet Yellen, achacó este bajo nivel de precios a la abrupta caída del barril de petróleo, como lastre para el repunte inflacionario.

Yellen ha insistido una y otra vez en que este elemento es "temporal", e insiste en un alza progresiva a medio plazo. Asimismo, la inesperada volatilidad financiera sufrida por China a finales de agosto, con abruptos descensos en sus mercados bursátiles y la intervención de las autoridades sobre la moneda local, sumada a la desaceleración del gigante asiático y otros emergentes fue utilizada como argumento para no mover los tipos de interés en la reunión de septiembre del banco central.

Los analistas se muestran sorprendidos por la cautela sin precedentes mostrada por la Fed a la hora de modificar los intereses de referencia, que llevan desde finales de 2008 entre el 0% y el 0,25%, niveles que el organismo reconoce como "excepcionalmente bajos", en un contexto de relativa solidez económica.

Si bien es cierto que sin la brillantez de antaño, tanto el mercado inmobiliario como el gasto de los consumidores, que supone dos tercios de la actividad económica en EE.UU., han consolidado su crecimiento.

En el tercer trimestre del año, el gasto de los consumidores ha crecido a un saludable 3%, con especial robustez en el siempre importante termómetro del sector de los automóviles.

Al complejo panorama, no obstante, se ha añadido otro elemento que ha generado preocupación, como es la continuada apreciación del dólar respecto a las otras grandes monedas globales, como el euro o el yen japonés, y que ha supuesto un freno a las exportaciones al encarecer los productos estadounidenses en el extranjero.

El encarecimiento del precio del dinero, de producirse en la última reunión del año de la Fed, el 15 y 16 de diciembre, llevará acompañado con casi total seguridad una mayor apreciación del dólar, lo que puede contribuir incertidumbre al dubitativo caminar de la política monetaria a lo largo de 2015.