Empresas del Siglo XXI: Los retos propios de ser emprendedor


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Aquí, hace un poco más de 30 años, un emprendedor era visto como un ser diferente.

Era alguien que se tomaba muy en serio su independencia.

La sociedad no le prestaba mucha atención a esos personajes que tenían la osadía de querer poner negocios propios con base en una idea fuera de lo habitual, con solo el capital de su talento y sin acceso al crédito.

El concepto de emprender era visto con recelo por los profesionales y la sociedad. La aspiración fundamental y válida de la mayoría de las personas era ser funcionario de alguna buena organización o trabajar para el Gobierno.

Algunas universidades no estaban tampoco convencidas en fomentar el deseo del negocio propio o el espíritu emprendedor entre los jóvenes, por el riego que implicaba, sino más bien cumplir con la labor de capacitarlos para poder incorporarse a las empresas o instituciones.

Todo nos indica que tanto la percepción como la esencia del ser emprendedor ha variado sustancialmente y a favor de todos en los últimos años, principalmente por su importancia como generador de empleo e impulso para el desarrollo humano.

Jim Collins define al emprendedor como aquel que tiene una fe absoluta de que va a tener la habilidad suficiente como para resolver todo lo que se le presente y una paranoia realista ante el posible impacto que le puedan ocasionar los múltiples problemas del entorno.

Tiene que estar preparado para lo imprevisible, dice.

El emprendedor demuestra sus destrezas cuando se adapta rápidamente a los cambios inéditos.

Pero ello no basta, también debe asesorarse en cada área para consolidar su actividad, incluida, la indispensable comunicación a su medida.

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