GERENCIA

Esas características de todo buen líder

Es la persona con capacidad de reconocer los logros de los demás en público y reprender los errores de otros en privado


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Siempre he sido de la firme convicción que el cariño, respeto y autoridad personal se gana con una fórmula básica, pero difícil de poner en práctica: predicando con el ejemplo.En un mundo donde es común ver las contradicciones entre lo que pregonamos y lo que hacemos, echamos de menos a esas personas ejemplares, dignas de admiración y cuyas acciones son verdaderas muestras de esperanza de que los seres humanos podemos ser mejores personas para con nuestros semejantes.Igualmente, es sumamente difícil encontrarnos con personas que se constituyan en verdaderos líderes. Nuestro entorno, matizado por lo superficial y material, nos ha cegado de apreciar más allá de las apariencias. Nos cuesta valorar a los demás por sus sentimientos y valores y, más bien, nos engolosinamos con sus aspectos y posesiones materiales.Es indiscutible que toda organización social, indistintamente del régimen a cual pertenezca, debe estar sostenida bajo los hombros de verdaderos líderes, esas personas que no se caracterizan por "ir detrás del batallón" sino delante de él, capaces de generar un sentimiento de admiración tal que permita, a quienes lo apoyan, seguir sus pasos incondicionalmente, en consecución del bienestar común.El liderazgo, por supuesto, no se construye de la noche a la mañana y tampoco se puede comprar. Es una virtud que se lleva en la sangre, en el alma y el corazón. Un líder siente la necesidad de llevar a buen puerto sus ideales de la mano de principios esenciales como el trabajo en equipo, la tolerancia, el equilibrio emocional y el uso de la razón.Es decir, un buen líder no, necesariamente, debe ser un buen jefe. Hay personas quienes, sin tener el don de mando, pueden provocar cambios extraordinarios en la vida de otras personas. Su magnífica esencia humana no necesita de la imposición de órdenes para que sus designios sean cumplidos por los demás.El espíritu de real liderazgo permite, además, que las decisiones comunes a tomarse entre determinado grupo social sean más fáciles en su adopción, pues de antemano se conoce la calidad humana de quien propone las ideas y, sobre todo, que sus reales pretensiones es el beneficio común, no el propio ni el de algunos pocos.Otro factor a tomar en cuenta en el ejercicio del liderazgo es, sin lugar a dudas, la humildad de la persona. Pero no me refiero al "humilde-pobrecito" a que estamos acostumbrados; todo lo contrario, hago alusión a esa persona capaz de reconocer sus propios errores frente a los demás y corregirlos, poseedora de la admirable capacidad de reconocer los logros de los demás en público y reprender los errores de otros en privado. Eso es, extraordinariamente, humildad pura.Asimismo, es humilde aquella persona que permite la diversidad de criterio, el diálogo franco y abierto y la propuesta de alternativas ante sus ideas. Procura siempre la concertación, pero en caso de entrabamiento trata de convencer a los demás de forma asertiva. El buen líder, por supuesto, está sujeto a confrontación, pero nunca torna personal el debate, lo enmarca dentro del campo de los ideales para evitar resentimientos innecesarios. Puede ser apasionado defendiendo sus posiciones, pero siempre tiene en cuenta que al frente a una persona que merece todo su respeto y consideración.El líder estimula a su gente sin que ellos se lo pidan. Eso es esencial. La calidad humana del reconocimiento a la labor efectuada es algo que cualquier humano siempre espera.No es necesario que la gratitud, del buen líder, vaya de la mano con algo material, pues basta con poner en conocimiento, de los demás, lo bien hecho por la persona para que esta sienta que su aporte es importante y que tiene valor. Ello, sin duda, nunca será olvidado por el beneficiado y, muy probablemente, lo pondrá en práctica a futuro con otras personas.Finalmente, dentro de este escueto recuento, el buen líder siempre rescata lo positivo de lo negativo. Nunca deja que la balanza esté en su contra. Existen personas capaces de extraer enormes aprendizajes de las malas experiencias para edificarse como mejor ser humano y el ponerlo en práctica refleja un alto grado de capacidad ante los demás.Dirá usted, estimados lectores, que un buen líder –conforme a lo expuesto– es sinónimo de perfección, pero tengan la plena certeza que con tan sólo que hagamos una de las acciones antes comentadas, podríamos estar colocando la primera piedra para convertirnos en mejores personas frente a los demás.Tratemos de ser buenos líderes, en nuestros hogares, en nuestros trabajos y, prácticamente, en cualquier espacio social donde nos desenvolvamos. La vida nos lo agradecerá, por siempre.

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