GESTIÓN

Los hilos que sostenían a la aerolínea LaMia y a sus socios

Negocios malogrados, socios bajo sospecha, permisos negados, polémicas conexiones políticas y un final que enlutó a todo un continente



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LaMia no había hecho siquiera su primer vuelo comercial cuando ya era centro de escándalo en Venezuela. Allí, su dueño, Ricardo Alberto Albacete Vidal, un economista bonachón y con vínculos en España y China, movió hilos políticos para incursionar en el mundo aeronáutico.

Esta es la aerolínea cuyo avión se estrelló en Colombia y dejó 71 víctimas fatales, entre ellos 21 periodistas y los jugadores del equipo de fútbol Chapecoense de Brasil.

Con la credencial de exsenador, Albacete tenía el respaldo del gobernador de Mérida Marcos Díaz, quien lo acompañó en el ostentoso lanzamiento de LaMia, en agosto del 2010. Días después, diputados opositores al chavismo citaron a un debate en el que cuestionaron desde el origen hasta la falta de permisos de la aerolínea.

Según consta en actas y en declaraciones a las que El Tiempo accedió, ni siquiera había obtenido la certificación del Ministerio para el Transporte Acuático y Aéreo, nadie sabía de dónde venían sus aviones y no había certeza sobre la seguridad que ofrecían.

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La presión política, combinada con una falta de recursos, impidió que LaMia despegara en esa región.

De hecho, tal como lo reveló este diario, el Instituto Nacional de Aeronáutica Civil de Venezuela le negó el proceso de certificación como "prestador del servicio público de transporte de pasajeros, carga y correo", por no cumplir normas referentes a la aptitud y competencia para realizar operaciones de transporte aéreo en condiciones seguras.

LaMia tampoco pudo operar desde isla Margarita, lo que llevó a Albacete a buscar otras rutas para poner a producir su flotilla: 3 Avro-RJ85 que adquirió en octubre de 2013 y que completaban tres años en tierra, en un hangar de Norwich (Inglaterra).

En enero del 2014, aparecieron como potenciales clientes unos curtidos pilotos de la Fuerza Aérea Boliviana (FAB). Uno de ellos, Marco Rocha, viajó hasta el aeropuerto Antonio Briceño de Valera, Venezuela, a echarle un vistazo al avión que hoy está hecho pedazos en Cerro Gordo (Antioquia).

Escala en Bolivia

De hecho, se movió con el aparato hasta Canadá, en febrero del 2014, para luego brincar a Inglaterra, donde supuestamente iban por una revisión técnica. Pero el negocio se demoró mientras tramitaban permisos en Bolivia, en donde Rocha y su socio, el exmilitar de la FAB Miguel Micky Quiroga, muerto en el accidente, eran reconocidos.

Aunque quizás el que más conexiones tenía era el general Gustavo Vargas, quien pasó a ser gerente de LaMia Bolivia. Vargas fue piloto del presidente Evo Morales y su hijo, Gustavo Stiven Vargas era director de registro de la Dirección General de Aeronáutica Civil.

En julio del 2015, después de una inversión de al menos $500.000, los bolivianos empezaron a volar con los aviones alquilados de Albacete.

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La conexión africana

Después hubo dos viajes internacionales que vinculan a los bolivianos con Albacete, quien ha intentado tomar distancia del accidente advirtiendo que él solo alquiló las aeronaves.

El Tiempo documentó que Micky Quiroga viajó en el Avro-RJ85 a Vigo, norte de España, en donde Albacete estaba cerrando una inversión en astilleros con Sam Pa, un multimillonario chino que amasó una oscura fortuna en África, haciendo negocios a nombre del gobierno de Beijing.

Albacete intentó venderle la flotilla al chino, pero el negocio se frustró porque Sam Pa empezó a ser investigado por presunto blanqueo de capitales.

El piloto Quiroga y la aeronave que se accidentó en Colombia apareció luego en Sierra Leona, uno de los países más pobres y convulsionados de África del Oeste, donde Sam Pa quería montar una aerolínea.

Para aclarar esos nexos, El Tiempo  ha llamado insistentemente a Albacete, quien vive en Madrid, pero aun no ha respondido. Su testimonio es clave, además, para establecer qué pólizas amparan al avión, de su propiedad, que eventualmente podrían ser usadas para indemnizar a las víctimas.

Por el lado de Bolivia, lo único que se sabe es que los socios de LaMia están endeudados con la banca y que otra de sus naves registra problemas.

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La póliza está en veremos y es muy baja

LaMia suscribió un seguro con la empresa Tokio Marine Kiln para responder en caso de accidente. Pero, según el diario brasileño Folha de São Paulo,  tendría dos cláusulas que eximen el pago en caso de negligencia u omisión del operador, es decir, de LaMia. Además, la póliza aparece por apenas $25 millones, cuando expertos estiman que debería ser de mínimo $750 millones.

Aquí surge un gran interrogante: ¿por qué autoridades aeronáuticas de varios países permiten que una aerolínea mueva a 90 personas por itinerario con un seguro tan bajo?

Otro dato documentado por El Tiempo da cuenta de que la segunda aeronave que LaMia tenía disponible se encontraba en el taller después de presentar un incidente en su tren de aterrizaje en el primer semestre del 2016.

Con esos antecedentes, pensaba abrir mercado en Paraguay. 

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