DIRECCIÓN ESTRATÉGICA

Los negocios también se juegan en el 'green'



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No es una de las cualidades que los headhunters valoren en sus búsquedas. Sin embargo, el golf es una de las habilidades blandas que suma en favor de los ejecutivos y empresarios a la hora de hacer negocios.

En las largas horas de caminata, las conversaciones trascienden el juego y se mezclan con el trabajo. La cancha ofrece un ambiente apacible, apto para el networking entre cada golpe camino al green. Quizá la vuelta no termine con un acuerdo cerrado, pero seguro los jugadores llegarán hasta allí con una relación más estrecha o un nuevo contacto.

"Cuando se habla de soft skills se alude a un conjunto de cualidades, como la capacidad de generar empatía, resistencia a la frustración, liderazgo y, también, de relacionarse con las personas", dice Gustavo Pina, director de Professionals de la consultora de recursos humanos Randstad Argentina. "Que un profesional tenga handicap no es algo que se requiera en las búsquedas, lo que sí se valora es que un alto ejecutivo tenga una red de contactos. Y el golf permite generar eso", comenta el especialista y, también, jugador.

Por supuesto, pertenecer a esta liga tiene su costo. Con todo, la inversión vale la pena. Porque este deporte posibilita un colegueo, un contacto mayor con distintas personas, ya que en el golf uno muchas veces termina jugando con personas que no conoce, y compartir unas cinco horas caminando 10 kilómetros o más se presta para la interacción con el acompañante.

Según Pina, si bien es cierto que en los últimos años el deporte es más abierto respecto de la exclusividad del pasado, el perfil promedio de los que practican esta disciplina, en general profesionales o empresarios, constituye un marco para las relaciones potencialmente fructíferas.

Mientras desandan el verde sumando golpes en la tarjeta del compañero, los jugadores hacen "una gestión de relacionamiento, de conocimiento mutuo, de verse desde otros ángulos o actividades; esto permite que se conozcan y puedan iniciar relaciones personales y profesionales diferentes", define Lucio Traverso, profesor del IAE Business School.

El recorrido rompe el hielo entre los desconocidos y da lugar a una mayor confianza. Antonio Di Génova, presidente de la Red Iberoamericana de Relaciones Públicas, coincide en que "la actividad deportiva en general, y la práctica del golf en particular, permite conocer a una persona más allá de su performance deportiva". Sobre todo, porque las actitudes en el accionar de los participantes son reveladoras: "El golf permite charlas extensas, pero, fundamentalmente, brinda la oportunidad de apreciar al jugador contrario: su forma de reaccionar en el juego, de resolver disputas deportivas, de su capacidad creativa y otros aspectos".

Gioffre suma más argumentos a esta teoría. "En la cancha, el jugador exterioriza su verdadera personalidad. Nervios, inseguridad, equilibrio o riesgo, por ejemplo, para sortear obstáculos o pasar el agua; todos los golpes hablan de su comportamiento. Se puede disimular, pero, tarde o temprano, surge lo real", dice Gioffre.

Aduladores y mentirosos también quedan al descubierto en la competencia, advierte. Lo mismo ocurre con la capacidad para tomar decisiones, porque en la cancha el tiempo para resolver las jugadas apremia y la creatividad se pone en juego. "Esa misma personalidad, está probado, se exterioriza en el trabajo", precisa el golfista.

Algo relevante, agrega, es la posibilidad que da el handicap (los golpes que se descuentan en función del nivel de juego) de nivelar a los participantes. Así es factible competir aun con quienes no tienen el mismo desempeño.

Como el tercer tiempo en algunos deportes de equipo, el golf tiene su hoyo 19. Después de los 18 desafíos que tienen las canchas es costumbre sentarse a tomar algo en el bar del club, lo que amplía el radio para hacer sociales. ¿De qué sirve todo eso? En el ámbito de los negocios, los números no lo son todo. Más allá de los aspectos duros, amplía Di Génova, "el conocimiento profundo del otro es lo que, al final, genera confianza en la persona, y los mejores negocios se hacen con aquellos en quienes se confía".

Aunque existen otras instancias para conectarse, el relacionamiento a través del golf es más sencillo que en el pasado, dice Traverso. Lo atribuye a "la baja de costos, la multiplicación de las canchas disponibles y de los organizadores de este tipo de encuentros". La democratización del acceso permite a los empleados mezclarse con altos mandos en pos de la horizontalidad a la que están virando muchas empresas, así como posibilita a amateurs jugar entre profesionales.

Existen otras formas de capitalizar al deporte en los negocios. Según cuenta Traverso, el golf también se constituyó en una forma de desarrollar habilidades y competencias que se aplican a los negocios y a la vida personal. "Así como en otro ámbito se desarrollaron cursos de trabajo en equipo y liderazgo, realizando una travesía en un barco, ahora se empieza a usar el golf como disparador", concluye.

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