Por:  3 diciembre, 2016

Un equipo de alto rendimiento se distingue al menos por tres cosas: tiene pasión, compromiso y confianza, entre muchas otras condiciones humanas que los hacen de mejor desempeño.

Empero, para llegar ahí, los miembros del equipo han pasado por muchas experiencias y dificultades. En la transición de pasar de ser grupo a equipo, han superado los conflictos entre líderes, además los miembros buscaron posicionarse, competir, agruparse en segmentos y excluir a quienes no alcanzaron aceptación,

Es un proceso evolutivo, lento, pero necesario. Ningún equipo se escapa de la dinámica pues a través de ella alcanza la madurez.

Se pueden observar nuevas competencias y habilidades dentro de esos equipos, pero siempre se mantienen las siguientes:

Hay pasión en lo que hacen. Existe una fuerza interna que se traduce en voluntad y autonomía para mover y multiplicar esfuerzos, a fin de alcanzar un propósito.

El equipo encuentra el motivo que los lleva a la acción: puede ser que, inspirados por un líder con intención auténtica, consistente entre lo que dice y hace, e íntegro en el accionar y justo, trabajen más allá de lo esperado.

También puede ser que el autoliderazgo marque la pauta hacia una causa específica en la que depositan todo su empeño.

Hay compromiso entre los miembros para dar la última milla, con la ilusión de que el equipo pueda alcanzar los objetivos.

Hay corresponsabilidad por alcanzar esas metas y sentido de logro. También se observa autorregulación; que han renunciado a su individualidad para privilegiar al equipo; que predomina una actitud colaborativa, más que competitiva; que se admite que la creatividad y eficiencia del conjunto, es mayor, que las creatividades y resultados individuales .

Hay confianza entre los miembros y humildad para reconocer el beneficio de las individualidades, generosidad para dar más de lo que esperan y, sobre todo, aprendieron a respetarse mutuamente.

La confianza da espacio a la empatía y a la capacidad de ajustarse con rapidez, agilidad y de dirimir sus conflictos y momentos críticos con el consenso; cada miembro ha delimitado su campo de acción y los demás lo conocen y lo aceptan.

Los nueve roles

Esos campos de acción podrían ser parte, de lo que Meredith Belbin, determina como nueve roles.

Él hace la siguiente definición de equipo: “Es un número limitado de personas seleccionadas para trabajar juntas en favor de un objetivo compartido, de tal manera que cada una pueda realizar una contribución distinta. En el equipo figura una interdependencia”.

Un rol de equipo implica una tendencia a comportarnos, contribuir y relacionarnos con otros de una manera determinada, segú n Belbin y concluye que el éxito de un equipo depende de su composición equilibrada, refiriéndose a los diversos roles.

En su segunda edición de Roles de equipo en el trabajo , afirma: “Un buen equipo se compone de jugadores que limitan sus funciones para no interferir en las de los demás pero que ejercen las suyas propias con distinción”.

También es deseable una composición equilibrada, en términos de género. Los aportes de pensamientos de hombres y mujeres permiten enriquecer el grupo.

Además, con un liderazgo compartido y rotativo, se reconoce que, en ciertos momentos, las capacidades requeridas del líder son distintas, dando la oportunidad para que otros brillen.

La pasión, el compromiso y la confianza, entre otros aspectos, son comportamientos que permiten que el equipo pueda establecer acuerdos o alianzas que, por principio, son dinámicos, vivos, revisables. Así también establecer las reglas o normas de conducta que los hace disciplinados para cumplir con los plazos y las metas.

Estos son los nueve roles de Belbin, tal y como los recoge el coach César Piqueras.

1. Coordinador. Persona que muestra un comportamiento maduro y seguro de sí mismo. Promueve la toma de decisiones y coordina bien los esfuerzos de los integrantes del grupo.

2. Cohesionador. Es el que vela por el buen clima dentro del equipo, es cooperador y diplomático. Es un buen mediador en cualquier conflicto o enfrentamiento.

3. Investigador de recursos. Es una persona generalmente extrovertida que se ocupa de los contactos con el exterior del equipo, es comunicativo y su función es desarrollar contactos.

4. Cerebro. Es la creatividad en persona, imaginativo y nada ortodoxo. Es una fuente de ideas para el equipo.

5. Especialista. Aporta cualidades y conocimientos clave sobre la tarea en cuestión.

6. Monitor evaluador. Es un buen estratega, suele añadir esa parte crítica que todos los equipos necesitan. Juzga todas las opciones.

7. Implementador. Transforma cualquier idea en una acción, es disciplinado y eficiente.

8. Impulsor. Trabaja bajo presión y tiene mucha iniciativa y coraje, es retador y puede pecar de ejercer demasiada presión sobre los demás.

9. Finalizador. Su papel es que las tareas se hagan con el estándar de calidad exigido en el plazo exigido. Son concienzudos y esmerados.

Esas condiciones humanas que se han mencionado no son otra cosa que habilidades blandas que figuran en el ideal de los equipos de alto rendimiento.