Una dolencia que impulsa empresas emergentes

Un creciente número de firmas pequeñas ofrecen productos contra el eccema, también llamada dermatitis atópica

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Cuando el hijo de Elizabeth Scott, Harrison, tenía solo unos meses de edad, presentó una erupción roja en todo el cuerpo y se rascaba constantemente.

“Una vez, cuando lo saqué de la cama, estaba sangrando”, dijo Scott, quien vive en Denver, Colorado. Eso la hizo emprender una búsqueda para descubrir cuál era el problema y cómo solucionarlo. Resultó que su hijo tenía eccema, que dejaba su piel escamosa y supurante.

El padecimiento, que también es llamado dermatitis atópica y a menudo es crónico, aflige a millones de niños y adultos. Para aliviar su incomodidad, un creciente número de pequeñas empresas están ofreciendo prendas terapéuticas y ropa que no roza así como humectantes y ungüentos.

El mercado nicho para quienes padecen eccema ha prosperado porque no existe un tratamiento extendido y seguro. En marzo, la Agencia de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos aprobó un medicamento, Dupixent, para tratar el eccema tan severo que no puede ser controlado con otros tratamientos. Pero las inyecciones de Dupixent, que tienen un precio de lista de $37.000 anualmente, llevaron a más pacientes de eccema a buscar un alivio menos costoso en otra parte, incluyendo optar por ropa mitigante y confortable vendida en sitios como TheraCloth.com, ScratchSleeves.com y Smiling-panda.com .

Los emprendedores del mercado del eccema a menudo son motivados por experiencias personales que ellos o sus familiares han tenido con el padecimiento dermatológico. Joe Paulo, por ejemplo, creó la ropa Smiling Panda después de haber tenido eccema en su adolescencia. Pero él y otros, incluida Scott, han encontrado que el camino hacia un producto ganador para el eccema no es corto ni fácil, en gran parte porque no hay un proceso de prueba oficial para lograr la aprobación.

“El eccema de cada quien es diferente, y no todo funciona de la misma manera en todos los pacientes”, dijo Julie Block, presidenta y directora ejecutiva de la Asociación Nacional para el Eccema, que da seguimiento a los acontecimientos en el campo pero no respalda productos. La asociación ofrece un “certificado de aceptación” para las compañías que pueden demostrar que tienen datos de pruebas de seguridad clínicas para sus productos.

La única compañía de ropa en recibir la certificación de la asociación es AD RescueWear de Scott, cuyas prendas de terapia de envoltura húmeda alivian la comezón sellando la humedad. Estudios médicos han demostrado que esa terapia ayuda a los pacientes de eccema.

Ropa húmeda

Scott descubrió la terapia mientras buscaba una forma de ayudar a Harrison, quien cumplirá nueve años en setiembre. Siendo bebé, su eccema era tan severo que pescó una infección de estafilococos por rascarse.

El doctor Mark A. Ebadi, un alergólogo en el Centro para las Alergias y el Asma de Colorado en Denver que estaba atendiendo a Harrison, recomendó la terapia de envoltura húmeda.

Scott vestía a su hijo con piyamas de algodón húmedas, y —a sugerencia de Ebadi— colocó calcetas de su esposo en las manos de su hijo como una forma de protección. Pero envolverlo era difícil.

“Era molesto envolver a un niño en ropa húmeda”, dijo. “Y las piyamas de algodón se soltaban, y mi hijo se enfriaba. Necesitábamos algo que le ajustara más para que estuviera en contacto con su piel”.

Tomó mucha prueba y error, pero Scott, que es diseñadora de interiores, gradualmente desarrolló un traje enterizo completo con costuras planas y cubiertas para las uñas de su hijo. El traje cubre los pies, como las piyamas para bebés y niños pequeños, para evitar que los niños se rasquen piernas y tobillos, donde a menudo aparecen costras de eccema.

“No sé nada sobre fabricación de ropa”, dijo Scott. Eventualmente, encontró una compañía de propiedad familiar en Michigan que estaba dispuesta a producir un lote de su traje muestra. Estaba hecho de la fibra artificial Tencel, que retiene más agua de manera que el material mantiene su forma y permanece más cerca de la piel.

Traje de rescate

Llamó a la prenda el traje “Wrap-E-Soothe”, pero los clientes posteriormente empezaron a llamarle el traje de rescate; un apodo que su compañía adoptó rápidamente. Se vende en $109 en talla para niños. La línea de productos se amplió posteriormente para incluir camisetas y pantalones, que cuestan $74,50, y mangas, que cuestan $34,95, para cubrir los brazos y piernas de los niños.

Scott empezó a vender las prendas en el 2012, el mismo año en que se unió con Anne McVey, una experimentada mercadóloga en Davenport, Iowa, cuya hija tiene eccema. Para probar la reacción de los médicos, llevaron muestras a una reunión anual de especialistas en alergias, asma y enfermedades inmunológicas, celebrada en San Antonio, Texas, en el 2013.

Las prendas recibieron buenas críticas, pero Scott dijo que fue un esfuerzo duro atraer a los clientes en Internet porque el producto era poco conocido.

Según Scott, las ventas aumentaron 70 % en 2016 —a alrededor de 10.000 piezas— en relación con 2015, y los clientes recurrentes y el certificado de aceptación de la asociación para el eccema han ayudado a elevar la visibilidad del sitio y atraer nuevos compradores.

“Apuntamos a 100.000 piezas anualmente”, añadió, señalando que el sitio está añadiendo prendas para adultos.

Paulo de 23 años, ya ha hecho algunas incursiones con adultos que buscan alivio con su marca Smiling Panda, la cual empezó después de contraer eccema en sus brazos. El eccema apareció después de que se mudó de California a Filadelfia en el 2012 para asistir a la universidad.

Su eccema, dijo, “empeoró significativamente” cuando tuvo que usar ropa profesional durante las prácticas universitarias. Cuando incluso las sábanas empezaron a irritar su piel, empezó a investigar las propiedades de diferentes fibras y cómo se hacía la ropa.

Eligió una mezcla de bambú-algodón para su ropa porque el bambú es suave y las fibras de algodón permiten que ajuste mejor, dijo. Empezó a cortar y coser sus propias camisas, con costuras planas y sin etiquetas.

Cuando usó sus camisas para dormir, dijo, “pasé de tener realmente grandes dificultades para conciliar el sueño a no tener ningún problema”.

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