Columna Empresas del Siglo XXI: Política


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Platón consideraba la política como la más importante de las profesiones. Guardando las distancias, la política sigue siendo una constante dimensional en la historia de cada pueblo y de cada época. Es un oficio que requiere sentido imaginativo, sutileza creadora y mucho conocimiento humano.

La propaganda política se encarga de buscar y multiplicar adhesiones que crean la fuerza de la mayoría con el apoyo de las minorías conscientes.

Casi no hay idea, programa o gobierno que no utilice la propaganda como recurso influyente o dominante de la voluntad colectiva.

Uno de los casos históricos más dramáticos es el nazismo, que logró que 80 millones de alemanes dejaran de pensar por su cuenta, lanzando frases vacías y sin contenido, según la confesión de Nurenberg de Albert Speer. Este antecedente ha servido para generalizar el concepto de que la propaganda sin un sentido humano puede cambiar el amor al prójimo por el terror al prójimo.

La propaganda se pone a prueba en el proceso electoral. En las democracias, como la nuestra, el consenso de las mayorías es indispensable para poder gobernar; promoverle y facilitarle, también es la tarea de la propaganda, cuya virtud radica, generalmente, en alentar esperanzas.

Cautivar votos se hace aún más difícil, en vista de que los votantes de hoy en día, buscan más que gobernantes. Buscan poder creer y confiar. Por eso, los investigadores aseguran que más que el mensaje la confianza es la tres cuartas partes del voto.

La falta de en confianza quizá explique el fenómeno de rechazo cuando los ciudadanos se inclinan a votar no a favor de alguien, sino en contra, independientemente de cualquier motivo de afinidad o rechazo.

También explica que haya cada día más países en donde el electorado renuncia a ejercer su derecho al voto.

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