Las consecuencias de lidiar con un gerente déspota


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Margarita tenía muy contento a su superior. En muy pocos meses, había logrado reducir en un 30% los costos en un departamento de la empresa, consiguió muy buenos precios de parte de los proveedores e identificó una oportunidad de mejora y rentabilidad en uno de los productos. Todo eso a un costo moral muy alto, pues el 80% de sus subalternos buscaba otras alternativas de trabajo.

Algunos de los trabajadores de Margarita le manifestaron la situación al gerente general. Pero, muchos prefirieron callar antes de arriesgar su empleo.

El problema más serio para la organización es que, generalmente, los gerentes déspotas disfrazan su comportamiento detrás de muy buenos resultados en el corto plazo y son admirados por los superiores.

Uno de los casos más sonados en el mundo de los negocios fue el de Al Dunlap, uno de los especialistas más conocidos en saneamiento de empresas en la década de los 90. En 1996, fue contratado por Sunbeam para realizar una reestructuración. Pero se despidió dos años después cuando los resultados financieros y la cotización de las acciones comenzaron a disminuir.

Finalmente, se desenmascaró su estilo gerencial, caracterizado por su agresividad, impaciencia, malas relaciones con los medios de comunicación y las sumas elevadas de dinero que cobraba.

Tiempo después, la Comisión Nacional de Valores de Estados Unidos acusa a Dunlap y a sus colaboradores de “confabulación fraudulenta para crear una ilusión de reestructuración exitosa y favorecer la venta de Sunbeam a un precio inflado”.

Como se nota, un gerente con un estilo gerencial despiadado puede tener consecuencias nefastas para su equipo de trabajo y para toda la organización.

A continuación algunas de sus características:

1. Son muy empáticos con los superiores.

2. Consiguen buenos resultados en el corto plazo.

3. Usan frases como: “Se hace como yo digo”.

4. Si cometen un error, echan la culpa al equipo de trabajo.

5. Se obsesionan por los resultados económicos.

6. Abusan del “yoismo”, es decir, “yo” hice”, “yo” logré, “yo” soy, etc.

7. No muestran interés genuino por su personal, ni su desarrollo.

8. No les interesa la estabilidad emocional de su equipo.

9. Generalmente, son muy sarcásticos en su trato con los demás.

10. No demuestran interés en el balance vida, trabajo de sus empleados. Cualquier sacrificio es válido.

Las consecuencias

Desmotivación, aumento de incapacidades por enfermedad, frustración, resentimientos, inestabilidad, problemas entre compañeros de trabajo, sobreestrés y llantos repentinos, son solo algunas de las consecuencias que un gerente déspota puede causar entre sus colaboradores.

Los resultados emocionales obviamente, afectarán, tarde o temprano, la productividad del equipo y los números finales de la organización.

Las consecuencias serán más nefastas cuanto más tiempo se le permita saturar la moral de los colaboradores.

En ese sentido, si usted es uno de ellos y se identifica muy bien con las características descritas, deberá pedir ayuda de sus superiores o al departamento de recursos humanos.

Estos son algunos tips que pueden ayudarle:

1. Reconozca esas faltas en usted y medite en cómo se sentiría si su jefe tuviera el mismo trato.

2. Estimule a su personal.

3. Establezca su propio sistema de incentivos.

En caso de que su empresa identifique que tiene un gerente déspota deberá:

1. Evaluar el ambiente laboral con los trabajadores.

2. Realizar un plan de acción con el afectado. Si responde, perfecto.

3. Si no responde, lo mejor será despedirlo antes de que siga causando estragos en la compañía.

Si bien despedir un gerente suele ser de mucho impacto para la organización, es mejor sufrir las consecuencias en el corto plazo que acarrear con secuelas impredecibles en el largo plazo.

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