José María Alfaro Collado


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José María no encontró a la casa, pero la casa lo encontró a él. Sucedió hace un par de años, cuando regresó de Nueva York luego de estudiar ingeniería de sonido y se topó con un San José transformado con colores y sonidos artísticos, alejándose cada vez más del lugar en el que la gente no salía porque no había nada que hacer por las noches.

La mente de alguien que ha vivido en Nueva York extraña la explosión diaria de actividades nocturnas. Cuando la casa lo encontró él estaba pensando precisamente en cómo juntar todas las piezas: San José, Nueva York, la cerveza, el arte...

En el panorama apareció una amiga que tenía una galería de arte en Barrio Amón y quería saber si a él le interesaba desarrollar proyectos musicales en el mismo edificio que, además, estaba en venta. Su familia se interesó en comprarlo. Rompecabezas armado.

Así nacieron primero El Sótano y después Amón Solar. La casa blanca, la que queda en medio de una zona de moteles y night clubs , tiñe ahora de un nuevo concepto a la vida nocturna josefina. Una vida llena de pintura y teatro, de cerveza y música, de comida y poesía... todo en el mismo espacio y al mismo tiempo.

Aunque algunas noches el público se acumula en las gradas de El Sótano (bar en el que cada noche hay música en vivo) para poder escuchar los pequeños conciertos, José María evita hablar en términos monetarios: “Los negocios siempre implican que alguien salga perdiendo, y aquí queremos que todos ganen”.

El proyecto se mantiene por sí mismo y eso ya es ganancia, dice José María. El concepto de “ganar” para él, implica que la gente aprenda a apreciar el arte, a pagar por lo que vale y a sentir que se lleva algo inolvidable, que no se compara con quedarse en casa: “Un concierto es algo que uno lleva, para siempre, con uno”.

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