Un pueblo que nació a la sombra del papel

The New York Times Company y Kimberly-Clark convirtieron, en los años 20, un pequeño asentamiento canadiense en un pueblo con tal de asegurar el abasto de materia prima

  • Facebook (Compartir)
  • Tweetea!
  •  
  • Imágenes

En lugar de llevar los árboles al pueblo, The New York Times Company y Kimberly-Clark Corporation llevaron un pueblo a los árboles.

En los años veinte del siglo pasado, para asegurar el abasto continuo de papel periódico para The Times y el negocio para Kimberly-Clark, fabricante de Kleenex, las dos empresas embalsaron el río Mattagamo en Smoky Falls, en medio del vasto océano de piceas, álamos, alerces y abedules del norte de Ontario; domaron el poder del río mediante cuatro gigantescas turbinas, tendieron 80 kilómetros de vías férreas, construyeron un enorme molino y alquilaron los derechos de tala de 11.100 kilómetros cuadrados de bosque boreal, una superficie dos veces la de la isla del Príncipe Eduardo.

Su inversión de $30 millones —unos $400 millones a precios actuales— no se detuvo en eso.

Convirtieron el pequeño asentamiento de Kapuskasing en un pueblo hecho y derecho, a lo largo de líneas concéntricas y radiantes de una ciudad jardín. Tenía un hospital y una casa club comunitaria, un parque junto al río, pistas de curling y de patinaje, escuela pública para 400 estudiantes, edificios de departamentos y cientos de casas nuevas, calles pavimentadas, electricidad, agua y alcantarillado, así como un hotel digno de una princesa y de su príncipe. Isabel y Felipe, para ser precisos.

“Tío Picea”

“Una ciudad cayó en medio de los bosques septentrionales de Canadá”, comentó maravillado en 1931 Russell Owen, corresponsal de The Times . Owen había viajado por la Antártida y no se impresionaba fácilmente.

Miles de toneladas de papel periódico salían de Kapuskasing cada año, buena parte de ellas dirigidas a los ruidosos muelles de carga de las oficinas generales de The Times en Times Square. Cada rollo iba rematado con una etiqueta con la silueta de una picea y el nombre de la empresa conjunta: Spruce Falls Power and Paper Co.

La gente de Kapuskasing conocía a la compañía con otro nombre: Tío Picea.

“Todo el mundo estaba muy contento trabajando para Spruce Power”, recuerda Olivier Vermette.

Actualmente de 83 años, Vermette pasó casi la mitad de su vida en la compañía. Y sigue viviendo en el pueblo con su esposa, Suzanne.

Pero 1991 no fue un buen año para Vermette, quien perdió su empleo, ni para el pueblo, que sufrió una crisis existencial cuando se retiraron The Times y Kimberly-Clark, que ya no estaban dispuestas a invertir el dinero necesario para poner al día una planta vieja. Parecía que iban a cerrar el molino.

Después, en contra de todas las posibilidades, los empleados y los habitantes del pueblo asumieron la propiedad de la planta.

Con una infusión de capital de la compañía papelera Tembec de Montreal, salvaron el molino. Y muchos empleos.

“Hubo un orgullo enorme entre la comunidad”, afirma Julie Latimer, curadora del museo Conmemorativo Ron Morel y cronista de Kapuskasing.

“Estaban orgullosos de haber evitado el cierre, orgullosos de haber organizado el trabajo necesario para salvar el molino y adquirirlo, orgullosos de administrarlo ellos mismos y orgullosos de haber tenido éxito todos estos años”, agregó.

Pero Kapuskasing no surgió de un principio elevado. Originalmente era una mota en la que había una parada llamada McPherson del ferrocarril nacional transcontinental.

El asentamiento era tan remoto que de 1914 a 1920 había servido de campo de internamiento, primero para inmigrantes del imperio austro-húngaro, que supuestamente eran hostiles durante la Primera Guerra Mundial, y después para radicales políticos.

Apetito voraz

A casi 1.600 kilómetros de distancia, el apetito de The Times por papel periódico se estaba volviendo voraz. Y conforme aumentaba su consumo, se incrementaba también su vulnerabilidad a los incrementos de precios impuestos por las papeleras.

Cuando Kimberly-Clark planteó la posibilidad de una alianza en su operación de Ontario, Arthur Hays Sulzberger, vicepresidente de The Times , se mostró receptivo a la idea.

En 1924, él y James C. Kimberley realizaron un viaje juntos en canoa por los ríos Kapuskasing y Mattami, hasta llegar a la fábrica Moose en James Bay.

Los dos se entendieron, al igual que sus respectivas compañías.

Sus planes encajaron de maravilla con los de George Howard Ferguson, premier de Ontario en ese tiempo, que veía la parte septentrional de la provincia como la cuna de la industria y el empleo.

Spruce Falls iba a construir un molino con la capacidad de producir 500 toneladas de papel periódico al día, gran parte de las cuales se destinarían a The Times .

Como socio mayoritario, Kimberly-Clark nombró a uno de sus altos ejecutivos, Frank J. Sensenbrenner, como presidente de la empresa conjunta. (En uno de los giros de la historia, su biznieto, F. James Sensenbrenner Jr., es representante republicano de Wisconsin con quien la junta editorial de The Times ha tenido frecuentes altercados.)

Las empresas conjuntas en general eran anatema para Adolph S. Ochs, que entonces era el director del periódico.

Útil ventaja

Spruce Falls, no obstante, ofrecía una útil ventaja. Cuando el papel periódico fuera abundante y barato, el periódico saldría beneficiado. Cuando el papel periódico fuera escaso y caro, Spruce Falls saldría beneficiada.

El éxito de la empresa conjunta ayudó a consolidar la pretensión de Sulzberger como sucesor de Ochs.

“Uno podía volar sobre la zona en helicóptero y no ver más árboles”, señala Stephen Golden, expresidente del grupo forestal de The Times y biznieto de Ochs.

“La mayor parte del trabajo de tala se hacía en el invierno, pues el suelo estaba tan duro que podía soportar los pesados camiones y las temperaturas de congelación sostenían los puentes de hielo sobre el río”, recuerda.

Los helados inviernos de Kapuskasing atrajeron a General Motors, que abrió ahí un centro de pruebas de clima frío en 1973.

Otras fuentes de empleo son el gobierno local y las escuelas, la mina de oro del lago Detour y el hospital Sensenbrenner, que en los años ochenta abandonó su casa original estilo Tudor.

Johanne Théberge, una de las dos hijas de Vermette, trabaja en el hospital. Su hijo, Don, ha trabajado en el molino de papel casi tanto tiempo como su padre.

El viejo hospital se convirtió en vivienda accesible con el nombre de Drury Place.

La casa club comunitaria ahora funge como centro cívico de Kapuskasing.

La hostería Kap Inn, como se le conocía cariñosamente, ardió en un incendio en 2007 y sus restos fueron demolidos al año siguiente.

La población actual es de unos 8.000 habitantes. Tembec anunció en junio que iba a ser adquirida por Rayonier Advanced Materials, empresa de Jacksonville, Florida.

Un comunicado de prensa subrayó el compromiso de Rayonier de “continuar con todas las operaciones de Tembec”.

Hay un cliente, empero, que no va a estar esperando.

El último cargamento de papel periódico dirigido a The Times salió de Kapuskasing hace 14 años.

Sostenbilidad y financiamiento