El biólogo tico que descubrió el tratamiento contra el cáncer de páncreas dice que le fascina la medicina, pero nunca podría ser médico “pues al ver sangre me desmayo”.

Por: Alejandro Fernández Sanabria y David Ching Vindas 23 noviembre, 2013
Christian Marín Müller
Christian Marín Müller

La historia es casi perfecta: “Mi mamá me cuenta que desde pequeño le dije que yo quería ser científico para curar el cáncer, aunque no tenía idea de lo que eso significaba”.

Como en las películas, la ingenua aspiración del niño se cumple. A los 33 años el costarricense Christian Marín Müller logró lo que cualquier científico del mundo anhela: descubrió un tratamiento que permite luchar contra el cáncer de páncreas. Tiene su patente.

Marín es de Desamparados. También vivió en Escazú (“por el puente los Anonos”, aclara).

Obtuvo un doctorado en virología molecular en el Baylor College of Medicine, en Texas. En el laboratorio de esa escuela hizo su descubrimiento.

¿En qué consiste? Marín lo explica con simpleza:

“Una molécula llamada miR-198, controla varias funciones en las células, como su crecimiento y su movimiento.

“ En los tumores, el miR-198 desaparece, y como resultado, se pierde el control de estas moléculas que luego resultan cancerígenas. Las células de cáncer entonces crecen rápidamente y se esparcen por el cuerpo.

“En el laboratorio logramos comprobar que al reintroducir miR-198 a los tumores, se detiene el crecimiento y el metástasis, y las células cancerígenas se mueren y desaparecen”.

Pero la vida no es como en las películas. Aunque la prensa venda la historia del descubrimiento de una “vacuna” contra el cáncer, y el mérito de Marín en el mundo científico es incuestionable, el proceso es más complejo.

Su investigación llevó al descubrimiento de un punto débil en el cáncer donde se puede atacar a muchas de las moléculas cancerígenas que causan el mayor daño, para generar un tratamiento terapéutico contra los tumores.

El término de vacuna, aclara Marín, se usa cuando se trata de una reacción inmunológica.

“La meta final de nuestra investigación es el de usar anticuerpos para lograr introducir nuestro tratamiento a los tumores, lo cual puede denominarse correctamente una ‘vacuna’. Pero por el momento es técnicamente correcto referirse a un ‘tratamiento”, sostiene el virólogo.

Saltar del punto de investigación actual hacia la masificación de una vacuna está lejos todavía. Falta más investigación y muchísimo dinero. Es necesario comprobar que el tratamiento sea tan efectivo como se espera, que sea seguro y que no traiga problemas secundarios en los pacientes.

“Es un camino muy largo que falta por recorrer, y como todo en la ciencia, no hay ninguna garantía de que funcione. Es por eso que los medicamentos tienen un costo asociado tan grande”.

Sin embargo, su nueva meta es clara: quiere democratizar su tratamiento, no solo ofrecerlo a “los que disponen de recursos financieros elevados”.

En detalle

Formación: Doctor en virología molecular y microbiología del Baylor College of Medicine, en Texas.

Fecha de nacimiento: 4 de junio de 1980.

Trayectoria profesional: Consultor externo de PhotoIummune Inc. del 2011 al 2013.