Por: María Clara Vargas 24 agosto, 2013

“¡Madonna no existe! ¿Qué adolescente es fan de Madonna? La mujer más famosa del mundo es Lady Gaga.”

Quien así razona no llega a los quince. Quien así la escucha pasa de los cincuenta. Aparte de la presunción –muy discutible– de que el grado de celebridad de un personaje lo determina el juicio adolescente, la aseveración nos permite reflexionar sobre la fatuidad de la fama, y peor aun, sobre la brevedad de la existencia.

Vamos a morir y lo sabemos, y aunque la religión intente proveernos de consuelo prometiéndonos reencarnación o vida eterna, vamos a morir y lo sabemos.

Quizás por ello tantos héroes, artistas, estadistas, malhechores, benefactores, nuestro primo Jorge –que bautizó igual al niño–, el carnicero que rotula con su apellido su negocio, el desconocido que en el siglo XVI horadó a cuchilla una columna del Palacio de los Papas en Aviñón legándonos un grafiti bellísimo en letra gótica, intentaron derrotar el olvido, perdurar de alguna forma. Qué más querían, si no, los griegos. No concibieron gloria mayor.

Pero lo cierto es que desapareceremos definitivamente de este mundo cuando muera el último que nos recuerde. Nada somos, más que el germen de una nada. ¿Y los próceres, los filósofos, los grandes creadores, el genio humano? Poco podrán Sócrates, Marat o Malcolm X contra Lady Gaga; a pocos preocupa hoy día quiénes fueron; pocos pueden citar lo que pensaban. Sin embargo, cuán distinto sería el mundo sin su paso por la historia. (Las feministas, por ejemplo: tantos reniegan de ellas como de una mala palabra, pero disfrutan cada día del beneficio de sus luchas; menosprecian sus consignas, pero, por decir algo, toman, como la cosa más natural, anticonceptivos.)

Todo esto para concluir que poco debe importarnos nuestro renombre y prestigio. No desperdiciemos pólvora en oropel. Hacer de este sitio un mundo un poco mejor antes de convertirnos en polvo es ambición suficiente para llenar una existencia.

¿La fama, el renombre, la importancia? Ya le preguntaremos a Madonna.