Vivir en una de estas edificaciones, modernas o antiguas, tiene sus problemas como el alto costos de mantenimiento

Por:  30 septiembre

A Roger Declements le gusta construir sus castillos al estilo medieval. Empieza con piedras –unas 900 toneladas– y luego construye dos muros paralelos. Después de años de trabajo, en ocasiones una década entera, estas paredes representan lo que él considera la vivienda “más avanzada, más fuerte y más cómoda” que una persona pueda tener.

“Si se quiere una casa segura, se construye un castillo”, dijo Declements, cuya compañía se llama CastleMagic. (Y él las tiene, cinco hasta ahora, en Washington, Utah e Idaho.)

A diferencia de los castillos construidos hace siglos, los suyos tienen aislamiento, plomería moderna y otras comodidades por el estilo, para que la gente quiera vivir en ellos; y pagar algo así como $1 millón para hacerlo.

En Estados Unidos, donde no hay castillos medievales auténticos, los de imitación son pocos y están dispersos. Pero el interés en ellos ha crecido, en parte debido a la popularidad de libros y programas como “Vikings”, “Downton Abbey”, “Game of Thrones” y la serie de Harry Potter.

“Cuando la gente construye castillos en Estados Unidos, son estructuras de fantasía”, dijo John Sexton, profesor asociado de inglés, quien se enfoca en literatura medieval en la Universidad Estatal de Bridgewater en Bridgewater, Massachusetts. “Los verdaderos castillos son estructuras defensivas. No fueron pensados como un lugar cómodo para vivir. Uno está dentro de ellos porque afuera hay personas que te quieren muerto”.

John Lavender II adoptó el enfoque de la comodidad y la fantasía cuando construyó su propio castillo. Erigió una sencilla estructura de madera y luego consiguió toneladas de piedras, poniendo cada una en su lugar a mano. A lo largo de 35 años, ha creado una imponente refugio de piedra en el lago George en el norte del estado de Nueva York.

Tiene recuerdos particularmente agradables de cómo trabajó con su hijo en la casa de campo. “Colocamos las piedras en todo el lugar en un verano juntos, trabajando muy duro en ello”, dijo.

Los aficionados a los castillos, particularmente aquellos que saben una o dos cosas sobre los castillos que salpican el campo en Europa, se burlan de las versiones estadounidenses de las antiguas fortalezas europeas. Se usan palabras como “Disney” y “fantasía” para describirlos.

 John Lavender II es el propietario de Highlands Castle, el cual tiene un precio de venta de $12,8 millones. Lavender procuró mezclar el confort y la fantasía cuando construyó su castillo.
John Lavender II es el propietario de Highlands Castle, el cual tiene un precio de venta de $12,8 millones. Lavender procuró mezclar el confort y la fantasía cuando construyó su castillo.

Pero incluso del otro lado del charco ha habido un evidente renacimiento del interés en los castillos entre quienes tienen recursos excedentes.

“Cuando empezamos a manejar castillos hace cuatro años, empezamos con 20 o 30”, dijo Michael Braunholtz, director de ventas de Prestige Property Group, una firma inmobiliaria en Londres. “No podíamos creer el número de personas que visitaban nuestra página. Superaba a châteaus, Mónaco, St.-Tropez, Venecia por un factor de dos a uno. El número de personas que buscaba castillos era colosal”.

Dijo que su firma en ocasiones recibe hasta 200 solicitudes al mes.

Aunque los castillos como el de Declements en el Noroeste sobre el Pacífico pudieran tener el precio de un condominio de una recámara en Manhattan, el trabajo de toda una vida de Lavender, conocido como Highlands Castle, está anunciado para su venta en el precio real de $12,8 millones.

Declements dijo que vendió su último castillo, en lago Pend Oreille, Idaho, en alrededor de $1 millón, lo cual dijo, estaba por encima del valor de otras casas en el área vacacional. Está construyendo dos nuevos ahora, dijo.

Renacimiento

Este no es el primer auge de los castillos en Estados Unidos. A principios del siglo XX, hombres como William Randolph Hearst, el editor de periódicos, y Raymond Pitcairn, heredero de la fortuna de una empresa cristalera, construyeron castillos para albergar sus colecciones de arte y tapices medievales.

“Muchos monumentos en Europa estaban en ruinas y eran fáciles de exportar, porque no había aranceles de exportación”, dijo Martha Easton, profesora asistente de historia del arte y profesiones museográficas en la Universidad Seton Hall en South Orange, Nueva Jersey. “Querían ponerlos en castillos medievales, no en cualquier casa antigua”.

La investigación de Easton se enfoca en Hammond Castle en Gloucester, Massachusetts, que fue construido por John Hays Hammond Jr. Él inventó los torpedos controlados por radio pero se sentía fascinado por el pasado, afirmó Easton.

Estos constructores del siglo XX no siempre fueron fieles a la historia. Hammond Castle tiene un gran salón que evoca el interior de una iglesia medieval y vitrales en las ventanas, pero también tiene grandes chimeneas, las cuales habrían estado fuera de lugar, y un patio que da a una piscina, dijo Easton.

Muchos de los castillos más grandes del primer auge se han convertido en museos: Hearst Castle, que está en el sur de San Francisco; Glencairn de Pitcairn, en las afueras de Filadelfia; y Hammond Castle. Gillette Castle en East Haddam, Connecticut, fue construido por un actor famoso por interpretar a Sherlock Holmes.

Incómodos

Pero hay reliquias más pequeñas de esa época que persisten como residencias. Simplemente no son tan propicias para vivir en el mundo moderno, o fáciles de remodelar.

Maria Barr, agente de bienes raíces en Select Sotheby’s International Realty, está tratando de vender un castillo de 800 metros cuadrados en el centro de Albany. Fue construido a fines del siglo XIX y tiene hiedra que cubre su torre de piedra.

En el lado positivo, todo ese espacio tiene un precio de menos de $800.000; pero hay inconvenientes. Por ejemplo, solo hay un baño completo en el castillo de cuatro pisos.

“Esta no es una casa donde uno pudiera mudarse”, dijo Barr. “Las cocinas y el baño son realmente rudimentarios. Cualquiera que la compre va a tener que añadir más baños”.

Los castillos lujosos en Europa, con su esplendor del Viejo Mundo, no son más fáciles de vender. Braunholtz dijo que su empresa ha vendido solo unos cuantos castillos, pese a los cientos de miles de personas que revisan los listados en internet.

“El tamaño, la escala, el precio y la cantidad de dinero que se necesita para darles mantenimiento eliminan a gran parte del mercado”, dijo. “Se reduce al 2% del nivel superior. De esas personas, la mayoría preferiría tener un chalet de lujo para esquiar o una propiedad con vistas al mar en St.-Tropez”.

Dijo que una de las partes más difíciles de vender un castillo es eliminar a las personas que no tendrían posibilidad de pagarlo.

Poner a la venta un castillo “produce todas estas connotaciones fantasiosas ‘neoarturianas’ o de Disney que no queremos”, dijo Braunholtz. “Tengo otras propiedades que pudieran ser llamadas castillos, pero yo no les llamaría castillos porque ahuyentaría a los verdaderos compradores”.

Añadió: “No estoy diciendo que la palabra ‘castillo’ sea un cáliz envenenado, pero lo dificulta”.

Dar mantenimiento a un castillo antiguo o nuevo no es barato. Monique Pignet y su esposo compraron el Chateau de Moh, un edificio del siglo XV en el Valle de Loira en Francia, hace ocho años por 1,6 millones de euros, o unos $2,1 millones en ese tiempo. Tiene ocho recámaras, ocho baños, una bodega de vinos, varias cocinas y una hermosa vista a la región vinícola.

Pignet y su esposo destinaron siete años y el doble del precio de compra a su renovación.

“Lo que queremos ahora es ganar dinero rentándolo para darle mantenimiento”, dijo. “Esta es la única forma de poseer un castillo, porque actualmente no se tienen sirvientes. Cuando uno vive en un castillo necesita a muchas personas. No puede limpiarlo uno mismo, es demasiado grande”.

Etiquetado como: