Los personajes literarios de Elena Poniatowska son intensamente humanos

Por: José David Guevara Muñoz 12 julio, 2014
Destaca la calidad de su pluma, es una autora madura que sabe contar historias.
Destaca la calidad de su pluma, es una autora madura que sabe contar historias.

Pocas escritoras son tan egoístas como la mexicana Elena Poniatowska.

Sí, la ganadora de los premios Alfaguara de Novela 2001, Seix Barral Biblioteca Breve 2011 y Miguel de Cervantes 2014 tiene serios problemas para compartir a sus lectores con otros libros o actividades.

Quienes han saboreado sus páginas saben que es complicado encontrar tiempo para leer obras de otros autores.

Sus escritos envuelven como una telaraña y atrapan como una ostra. Se interrumpe la lectura solo porque hay que atender compromisos y responsabilidades o porque el libro –lamentablemente– llegó a su final.

En efecto, las historias de esta señora de 82 años (una cálida y mágica abuela cuando se conversa con ella) son más que un seductor guiño de papel y tinta: una apasionada –y en ocasiones tormentosa– relación literaria.

Basta con leer Tinísima, Leonora, Paseo de la Reforma y Octavio Paz: Las palabras del árbol para experimentar el tipo de adicción que despiertan las obras de esta periodista nacida en París, Francia, pero que vive en México desde los nueve años de edad.

Su familia –padre aristócrata polaco y madre mexicana– llegó al país de los escritores Juan Rulfo y Juan José Arreola en 1942, huyendo de la invasión nazi.

Personajes inolvidables

¿El secreto de su egoísmo literario? Se trata de una alianza entre tres elementos.

Primero, la calidad de su pluma. Es una autora madura que sabe contar historias. Sus relatos son profundos, aun cuando breves (crónicas periodísticas y novelas cortas), y amenos a pesar de voluminosos (por ejemplo, las 660 páginas de Tinísima , de la editorial Biblioteca Era, y las 508 de Leonora , de Seix Barral).

Segundo, la visión que ofrece acerca de distintos hechos importantes en la historia de México.

Entre ellos, el asilo que se le concedió al político y revolucionario ruso León Trotski y su asesinato (1937-1940), la huelga ferrocarrilera liderada por Demetrio Vallejo (1959) y la matanza en la plaza Tlatelolco (1968).

Tercero, los personajes que toma de la vida real. Se trata de mujeres –en especial– y hombres –algunos– intesamente humanos; es decir, apasionados, rebeldes, enamorados, solidarios, soñadores, atormentados, generosos, impulsivos, nobles, contradictorios...

Para muestra tres botones:

La indomable pintora Leonora Carrington, quien desafió las convenciones sociales con tal de ser una mujer libre.

La fotógrafa Tina Modotti, que navegaba sobre las procelosas aguas de la militancia política y el amor.

Y Elena Garro, la primera esposa del poeta Octavio Paz. Narra la historia de un hombre que quedó en la miseria por satisfacer todos los caprichos y deseos de su amante.

Lo mismo ocurre en otros de sus libros: La piel del cielo, Hasta no verte Jesús mío, Luz y luna, las lunitas, El universo o nada, El tren pasa primero, La Adelita y Querido Diego, te abraza Quiela .

El escritor azteca Carlos Fuentes lo resumió así: “Sus retratos de mujeres famosas e infames, anónimas y estelares, fueron creando una gran galería biográfica del ser femenino. Ha contribuido como pocos escritores a darle a la mujer papel central , pero no sacramental, en nuestra sociedad”.

Atrévase a probar el egoísmo literario.