Columna Empresas: Continuo accionar


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El pensamiento en los nuevos negocios dentro de las sociedades occidentales ha conducido a considerar la eficacia como sinónimo de estrategia en términos de ser un medio como también un fin.

Por eso la forma ideal que sirve de plan es percibida como el objetivo, luego hay que encontrar los medios que deben ponerse en marcha para alcanzarlo. El mejor medio es el que conduce de manera directa a lo deseado. Como ocurre en la planificación normal de la publicidad y el mercadeo.

En un contexto de relaciones comerciales como el nuestro, cuesta pensar en eficacia fuera de esta relación. Clausewitz concibe la totalidad del pensamiento estratégico en términos de medio y fin, como imperativo o exigencia. Esta estructura lógica para nosotros, según Fancois Jullien, no se encuentra en el pensamiento chino.

Aunque es igualmente lógico, en China no se desarrolla la idea de una forma ideal por alcanzar, tampoco se promueve la noción del medio que conduce a ella. Incluso, el idioma chino clásico carece de una palabra consistente y precisa para decir objetivo.

Sin duda una de las grandes desorientaciones que se experimentan cuando se encuentra el occidente con el pensamiento chino es que anula la idea de finalidad y la disuelve.

Según parece, los chinos no piensan ni en el objetivo ni en la finalización, sino en el interés y en el beneficio. No se construye un orden de fines, ni se apunta a lo que podría ser un objetivo. Es otra forma de pensar difícil de interpretar que se incorpora con fuerza y rápidamente al mundo de los negocios occidentales.

Esto se asemeja en cierta forma a la comunicación publicitaria de hoy en día, puesto que, cada vez más, se considera el interés en su mismo proceso como algo fundamental de un necesario y continuo accionar para obtener beneficios a largo plazo antes que los simplemente puntuales.

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