Las ventas de discos de vinilo han alcanzado este año en Gran Bretaña su nivel más alto en una década, con 550.000 nuevos LPs vendidos en 2013, según BPI

Por: Carolina Ruiz Vega 1 noviembre, 2013

El empeño de artistas y aficionados ha mantenido vivo el disco de vinilo en Londres, donde todavía uno puede llenarse los dedos de polvo ojeando portadas de viejos y nuevos álbumes, o pedir que le permitan oír un corte antes de comprarlo.

El Soho londinense fue siempre un barrio canalla, escenario de las correrías de Mister Hyde, el hombre que encarnaba el lado oscuro del alma en la novela de Robert Louis Stevenson sobre la dualidad humana.

Hoy alberga muchas más tiendas de ropa que sex-shops ---si bien sus calles estrechas han evitado el avance de grandes cadenas como Zara---- y también un puñado de tiendas de discos que atraen a aficionados del vinilo.

Algunos son coleccionistas, otros nunca se adaptaron al sonido digital, otros quieren probar la experiencia...

Sounds of Universe, en Broadwick Street, es una de esas tiendas, y tiene una buena clientela de discos de vinilo.

"Siempre tuvimos compradores", explicó Neal Birnie, un vendedor. "Aman el sonido, el envoltorio, sienten que están comprando algo más especial. Es más real que comprar una canción MP3" en Internet.

Las ventas de discos de vinilo han alcanzado este año en Gran Bretaña su nivel más alto en una década, con 550.000 nuevos LPs vendidos en 2013, según BPI, el organismo que reúne a la industria musical británica.

Si el ritmo de ventas se mantiene en lo que queda de año, podrían alcanzarse los 700.000 álbumes, la mejor cifra desde 2003.

Sigue tratándose de un formato minoritario (0,8% del total de las ventas de grabaciones), pero cada vez más artistas recurren a él.

Daft Punk, David Bowie, Arctic Monkeys, Paul McCartney, Pearl Jam, Arcade Fire y los Pixies han editado sus últimas obras en vinilo.

"Estamos asistiendo a un renacimiento de los discos, ya no se trata de nostalgia sino de un formato que prefieren cada vez más aficionados", dijo Geoff Taylor, director del BPI.

A finales del siglo XIX, Emile Berliner inventó los primeros discos que almacenaban sonido y que sustituirían a los cilindros. Los materiales fueron evolucionando hasta el vinilo y su dominio se extendió hasta mediados de los 80, con la aparición del disco compacto.

Luego aparecerían los archivos descargables en internet, los MP3, un formato intangible y con carencias que ha acabado desencantando a algunos.

"El MP tiene sólo el 5% de la información presente en la grabación original", dijo el cantante canadiense Neil Young en 2012.

El coleccionismo ha jugado también un papel importante en la preservación del vinilo.

Las tiendas de segunda mano gestionadas por organizaciones de caridad, toda una institución británica en la que se pueden encontrar desde zapatos a libros, se han convertido en uno de los lugares más frecuentados por los aficionados.

"Hay unas 20 personas diferentes que buscan vinilo cuya cara reconocería. Vienen al menos una vez por semana, a veces varias", explicó Steve Kelly, encargado de la tienda de Oxfam en el barrio de Dalston.

"Como dependemos de los donativos, nuestro stock varía un poco, pero solemos tener normalmente unos 1.000" discos de vinilo, agregó Kelly.

Soulwax, el dúo de disck-jockeys (DJs) belgas formado por los hermanos Dave y Stephe Dewaele, participaron recientemente en una fiesta benéfica en Londres usando sólo vinilos comprados en estas tiendas.

Se trata de una rareza, explicó Christov Brilliant, un dj y músico francés afincado en Londres. "Ningún gran dj usa ya vinilo. Supongo que se trata de una moda, un deseo de volver al pasado, pero aunque pueda sonar muy bien, vivimos en un mundo digital y eso nos ofrece grandes posibilidades", dijo.

En otras latitudes

El fenómeno de la recuperación del vinilo se da en otras ciudades. Ester Castelló, es de la tercera generación de su familia al frente de la tienda Discos Castelló -la más antigua de Barcelona, fundada en 1928-, y atribuye la resurrección a la nostalgia.

"Los vinilos son el 20% de nuestras ventas", cuando hace unos años habían desparecido prácticamente de la tienda, explicó.

"El cliente es variado, hay jóvenes que se están aficionando y también cuarentones. Parece en general un ejercicio de nostalgia, en Barcelona ya quedan pocas tiendas de música y los aficionados se concentran en ellas".

La razón de esta recuperación se explica en parte en la visita a la tienda de discos, un ritual perdido.

"El placer que obtienes de una experiencia es a menudo proporcional al tiempo y esfuerzo que le destinas", escribía en el diario inglés The Guardian el crítico y coleccionista británico Pete Paphides.

"Esa bolsa" con el vinilo "en el autobús a casa. La expectativa. Su apariencia y el modo en que se siente. Incluso su olor. Y eso antes siquiera de colocarlo en el tocadiscos...".

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