Por: María Clara Vargas 12 junio, 2013
Este usuario devolvió sin problemas la
Este usuario devolvió sin problemas la "Citi bike" que usó el lunes 27 de mayo, cerca de Union Square, Nueva York.

Desde su lanzamiento a fines de mayo, las bicicletas de uso libre han recorrido más de 766.000 km en Nueva York, el equivalente a un viaje ida y vuelta a la Luna, aunque su llegada a la ciudad está marcada por problemas técnicos y sigue siendo objeto de polémica.

Es imposibles no verlas: 6.000 bicis azules instaladas en la mitad sur de Manhattan y en los barrios de moda de Brooklyn han invadido las calles y las bicisendas, sumándose a los "profesionales" que utilizan casco y cuyo número no ha dejado de aumentar en los últimos años en Nueva York.

Unos 36.000 neoyorquinos ya tienen un abono anual, un éxito tal que algunas personas aún esperan para recibir su "llave azul", necesaria para desbloquear a las Citi bikes. "Vamos a enviar esta semana las llaves a aquellos que contrataron el abono entre el 27 de mayo y el 3 de junio", indicaron este fin de semana los responsables del programa. Los abonados anuales, semanales o diarios tienen además que enfrentar problemas técnicos con las bicis y las estaciones.

Ocurre con frecuencia que es imposible dejar una bici en una estación porque el sistema de bloqueo no funciona. El mismo inconveniente se plantea a veces para retirar una bici. Otro problema: en algunas estaciones las tarjetas bancarias -único modo de pago para los abonos de corta duración- no son aceptadas.

El servicio de atención al cliente ha sido reforzado en los últimos días para responder de manera más eficaz a los llamados y correos electrónicos de consumidores frustrados.

A pesar de estos obstáculos, los incondicionales no quieren bajar los brazos. "Esto va a llevar un poco de tiempo, eso es seguro, pero se va a arreglar", repiten los que desde hace dos semanas aprenden a convivir con los agresivos taxistas, los camiones de reparto y las bicis eléctricas de los repartidores chinos que a menudo circulan a contramano.

Otros usuarios menos tenaces empiezan a cansarse y se ponen un plazo, por ejemplo una semana más. "Después de eso abandono", afirma Alex Lepetit, que maldice haber llegado con atraso a dos reuniones profesionales por no encontrar lugar donde dejar la bici en las estaciones más cercanas.

Está previsto que el programa incluya finalmente 10.000 aparatos y 600 estaciones, lo que convertiría al sistema de Nueva York en uno de los más importantes del mundo tras la ciudad china de Hangzhou (que cuenta con 60.000 bicis) y París (más de 20.000 "vélibs").

Pero a las cuestiones técnicas se suma una guerra política: algunos han hablado de nazismo y otros hacen un paralelo entre la alcaldía y los talibanes.

"¿Por qué toda esta polémica por algo que es indiscutiblemente una cosa buena?", se preguntaba el diario New York Times en una referencia velada a los mordaces comentarios de Dorothy Rabinowitz, miembro del comité editorial del liberal Wall Street Journal.

En dos videos que se propagaron por internet, Rabinowitz denunció "los totalitarios que dirigen esta ciudad" y "un programa de pesadilla que horroriza a la mayoría de los neoyorquinos".

El humorista Jon Stewart se ocupó del tema en su "Daily Show" y la revista New York presentó en un gráfico las cinco razones por las cuales "los conservadores odian tanto a las Citi bikes".

Según la revista, los conservadores "detestan al alcalde multimillonario y cosmopolita Michael Bloomberg", no les gusta compartir y odian que el programa sea presentado como bueno para la salud y el medio ambiente y, sobre todo, que sea "vagamente francés".