Educación preescolar privada aumenta en medio de un mercado cada vez más estrecho

Población de 0 a 4 años crece poco y en 2018 se prevé que esa población disminuya aun más

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La cantidad de kínderes privados aumenta todos los años en Costa Rica, pero su población meta más bien tiende a disminuir.

Por eso, las instituciones preescolares enfrentan el reto de captar nuevos clientes mediante la diferenciación y la solución de otras necesidades, además de educar.

Una veintena de padres y madres consultados por EF asegura que hasta ahora el reconocimiento del Ministerio de Educación Pública (MEP) no había sido significativo a la hora de elegir el kínder de sus hijos en relación con otros factores más apegados a sus creencias y a la conveniencia familiar.

“Lo principal son las buenas referencias y en mi caso influyó mucho el espacio, que tuviera muchas áreas verdes y que fuera un lugar limpio”, explicó Irene Murillo, madre.

Además del boca a boca y la infraestructura, otros factores valiosos para la selección de un centro preescolar son la filosofía educativa, las medidas de seguridad, los servicios adicionales (alimentación, guardería, clubes) y los precios.

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Algunas personas también manifestaron que valoran políticas de inclusividad, religión y temas similares.

“Metí a mi hijo a un Montessori cuando tenía un año y lo del MEP me tenía totalmente sin cuidado porque lo que buscaba era un lugar lindo, donde compartiera con otros niños en un ambiente seguro. Vi las instalaciones, la metodología, referencias. Ahora que ya está más grande, por supuesto que hemos buscado una institución reconocida que tenga desde preescolar hasta secundaria”, comentó Michelle Kumpel.

A partir de 2018, será obligatorio que los niños cursen dos años de educación preescolar antes de entrar a la escuela y deberán estar en centros reconocidos a partir de los 4 años, en el nivel identificado como Interactivo II (aunque cada institución usa nomenclaturas distintas).

Esto abre una ventana de oportunidades para las instituciones educativas privadas y reconocidas por el MEP.

Empero, con la ventaja viene el riesgo, porque la población de esa edad (0 a 4 años) comenzará a descender a partir del 2018 y seguirá disminuyendo.

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Menos clientes potenciales

Según proyecciones del Centro Centroamericano de Población –con base en datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos–, mientras la cantidad de preescolares se ha mantenido estable durante los últimos años –e incluso aumentó entre 2015 y 2016– el próximo curso lectivo experimentará una reducción superior a los 1.000 niños menos por año.

Mientras tanto, la cantidad de instituciones educativas más bien sigue creciendo: a julio de este año, la oficina de Tributación Directa registraba 364 instituciones con opción para preescolar, 15 más que a diciembre de 2016 y 43 más de las que había en 2015.

Esto se une a la cobertura de la educación preescolar pública.

El investigador del MEP Andrés Fernández Arauz publicó una investigación sobre la situación de la educación preescolar y encontró que en el 2015 asistieron 118.000 niños a educación preescolar (98.000 en instituciones públicas). A las instituciones privadas, entonces, llegó apenas el 17% de esa población.

¿Cómo lograron su porción de ese mercado? Mediante la especialización.

Algunas entidades aprobadas por el MEP comentaron sus estrategias de diferenciación.

Hellen Bolaños Morera, propietaria de Green House School, en Heredia, asegura que desarrollaron la metodología Green, una mezcla de recursos pedagógicos tempranos que va desde polilingüismo de cinco idiomas (español, inglés, francés, mandarín y portugués) hasta lectura temprana, estimulación multisensorial y una serie de servicios complementarios para atender las necesidades individuales de aprendizaje.

El mercado de este tipo de instituciones es el de padres más concentrados en que sus hijos adquieran habilidades académicas desde muy temprano.

Ligia Carmona, propietaria de Cima de Horizontes, en Barva de Heredia, dice que ese centro encontró la especialización en el estilo lúdico y creativo.

“El juego dirigido y con un objetivo les lleva a explorar cada día con entusiasmo y alegría. Cada día es diferente, cada mes estudian un tema diferente que ellos mismos proponen. El niño es parte de la construcción del conocimiento. La docente es una guía, una facilitadora. Juntos construyen, crean y forman lo que quieren aprender mes a mes”, dice.

Isela Carmona, directora académica de Bio Kids Preschool, afirma que la vía elegida para atraer nuevos padres es competir con un paquete de valor.

“Nuestra institución ofrece un costo muy competitivo en el mercado, además trabajamos sobre el paradigma constructivista. Contamos con amplias instalaciones, ofrecemos el almuerzo, así como talleres dentro del costo de la mensualidad ( ballet , karate)”, asegura.

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Los voceros de los centros consultados mencionaron el precio de la mensualidad como uno de los factores determinantes.

Sin embargo, este no es el único costo relacionado con el kínder: matrícula, cuota o paquete de materiales, alquiler o compra de libros, cuota de actividades especiales (anual o por actividad), cuota, uniformes y póliza de seguro para el estudiante también suman al monto final.

La transparencia con estos costos juega a favor de las instituciones, y encontrar fórmulas para reducir o facilitar el pago es otro recurso atractivo.

Conforme avance la reducción de la población en edad preescolar, los kínderes podrían encontrar en la atención individualizada otro factor para diferenciarse y consolidar sus ingresos, con servicios a la medida.

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