Padres con dificultades para contactar amigos y familiares abusan de las redes

Por: María Clara Vargas 8 noviembre, 2015
 Derecho a elegir. Aunque los niños pequeños pueden mostrarse encantados de que mamá y papá publiquen sobre ellos en redes sociales, los adultos deben considerar también la exposición que estos contenidos tendrán después.
Derecho a elegir. Aunque los niños pequeños pueden mostrarse encantados de que mamá y papá publiquen sobre ellos en redes sociales, los adultos deben considerar también la exposición que estos contenidos tendrán después.

La sobredifusión de imágenes familiares, selfies y retratos de la vida cotidiana, es tema de todos los días. La trama se vuelve álgida cuando involucra a los padres y su tendencia a la sobreexposición de sus hijos.

Posteando la última mueca, la travesura, el disfraz, las celebraciones escolares, la frase del día y así, infinidad de detalles de la rutina diaria familiar. Recibiendo, en forma masiva fotos de los hijos de amigos y conocidos, artículos sobre crianza y relativos, preguntas, opiniones, etc.

Algunas de las causas de este fenómeno son ejecutivos con poco tiempo para comunicarse con amigos y familiares, seres queridos separados por posiciones transnacionales y, en general, el acceso a Internet 24/7 .

Por razones sociales, las madres suelen sobrepublicar más que los padres. Tal vez usted se identifique, o ubique un conocido que excede los límites del “compartir” en las redes.

Aun siendo conscientes de la generación de spam , y los riesgos de sobreexposición de los hijos, caemos en la tentación de compartir cada momento.

¿Por qué lo hacemos?

Muchos progenitores se refugian en las indudables ventajas de la tecnología que permite acortar distancias, alcanzar mayor audiencia, obtener consejo, diversidad de opiniones y mucho más.

También porque compartir experiencias brinda una sensación de acompañamiento y validación en lo que puede ser una de las tareas más solitarias y difíciles de la vida: ser un buen padre o madre.

La figura del adulto abrumado por su desempeño con los hijos es cada vez más común: ¿Lo estaré haciendo bien? ¿Seré demasiado estricto? ¿Cómo le quito el pecho? ¿Le estaré dando tiempo de calidad? ¿Le hará bien la guardería? La lista es infinita.

También es tarea solitaria porque, a pesar del mundo superconectado, hay momentos oscuros de la parentalidad que –algunos– no publican. Esos instantes de desesperación donde una madre con depresión posparto no desea ver a su hijo, o padres sintiéndose cada vez menos tolerantes. Si no lo está viviendo ahora, y ya es padre, basta con que recuerde los días de llanto imparable por cólico; las madrugadas y el cansancio demoledor que es compañero fiel después de una noche intensa. Si no tiene hijos, mire a su alrededor, si observa con atención, es probable que encuentre más de un ejemplo.

En esas horas donde la culpa se turna con la desesperación, las redes son un medio para encontrar validación, apoyo y compañía. Lograr con un clic palabras de aliento, consejos y comprensión brinda sentido de pertenencia y comunidad.

Por supuesto, existen quienes solo publican cada detalle de sus vidas y las de sus hijos por exceso de tiempo libre, narcisismo y búsqueda de atención, entre otras razones igual de negativas.

¿Y la privacidad?

En el extremo de la sobreexposición ( oversharing ), mostrar la vida cotidiana pone en entredicho las nociones de intimidad.

Cuando de los hijos se trata, la reflexión es de carácter urgente. ¿Ha pensado cómo se sentiría si un familiar lo fotografía comiendo, caminando, al vestirse, cuando aprende algo, al bañarse, cuando duerme? Piense además, que esto se publique en las redes.

La noción adultocéntrica nos aleja de este razonamiento porque se tiende a pensar que los niños están bajo el mando adulto. Modifique un poco el panorama y suba una foto de su hija adolescente al levantarse o con una mascarilla para el acné… Nos cuenta como le fue.

Se pronostica que esta generación experimentará una invasión en su intimidad, con la publicación de detalles en extremo personales que, en definitiva, pertenecen al ámbito de lo privado. También es posible pensar cómo esta sobredifusión impactará la formación de su personalidad.

Considere que, como adulto, su vida en la red se remonta a pocos años atrás. En cambio la de sus hijos empezó incluso antes de salir del útero con la publicación de la primera ecografía.

Los hijos de esta era no tendrán el beneficio de esconder el álbum de fotos, menos aún si es usted de los padres que ha creado una cuenta a nombre de su bebé.

Antes existía el derecho a elegir. Ahora hay dos opciones con los padres: bloquearlos como amigos (si es que los aceptaron) o resignarse a no entender qué estaban pensando sus papás al preguntar en la red remedios contra el estreñimiento de los bebés.

Tal vez a algunos no les moleste, pero es probable que la mayoría no lo considere tema para compartir con millones de personas.

Sin intención de satanizar las redes, ni de obviar los múltiples beneficios, intentemos reconocer y validar límites ya olvidados.

Que la tecnología siga siendo un apoyo y no un spam en la vida de todos. Como padres, uno de los mayores retos será enseñar el respeto a la intimidad en la era del oversharing .

Sugerencias

Concéntrese en lo real y seguro: fortalezca sus lazos familiares y retome amistades.

No sustituya interacciones personales por virtuales.

Los temas importantes, convérselos frente a frente.

Agote recursos personales antes de acudir a las redes, comparta con su familia y amigos sus problemas, busque ayuda profesional y solo después, con reflexión y cautela, publique lo que necesite.

Antes de postear detalles de la vida de sus hijos, tómese un momento para reflexionar si sus 2.000 amigos virtuales estarán interesados en esa publicación. Quizá la publicación es importante para un grupo más reducido y puede utilizar medios no masivos.

Fuente Centro de Psicología y Desarrollo Integral.