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EMPRESAS DEL SIGLO XXI

¿Se puede alcanzar una verdadera formación ejecutiva integral?


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La formación ejecutiva se puede definir como la educación en administración para personas que están en roles ejecutivos o que esperan estarlo.

Incluye desde proveedores en línea, firmas de consultoría y programas diseñados por instituciones que inicialmente se dedicaban a la educación superior, así como las escuelas de negocios.

Para Khurana y Nohria, un elemento relevante es la formación en competencias: “Las habilidades blandas del management (efectividad interpersonal, comunicación, liderazgo) son más duras de aprender a través de la educación formal y más difíciles de probar todavía por un examen estandarizado”.

Por su parte, Collins identifica que los ejecutivos de empresas sobresalientes gozan de dos paradójicos rasgos: humildad personal y una firme voluntad personal. Es decir, hay rasgos “intangibles” para una profesión que debe lograr resultados particularmente “tangibles”.

Dicho de otra manera, la obtención de metas cuantificables se logra mediante la gestión de cualidades no mensurables.

Se puede desprender que la educación ejecutiva es insuficiente para la elaboración de las capacidades de liderazgo, y pretender conseguirlo mediante un elenco de cursos o metodologías sería reducir la educación a una mentalidad mecanicista.

Esta pequeña distinción sobre el liderazgo interesa hacerla en la medida en que se comprende la educación del management como un compendio de habilidades o competencias intangibles, versus aquellos que lo entienden como un conjunto de conocimientos técnicos.

Surgen varios cuestionamientos, y uno es considerar si la formación ejecutiva es capaz de forjar este tipo de habilidades o es solo un sueño utópico.

¿Hasta qué punto un programa de formación es capaz de incidir en la visión y hábitos de una persona? ¿Puede una persona transformarse a sí misma con el solo hecho de matricularse en una institución de prestigio?

La respuesta puede apuntar a una integración de experiencias: profesionales, personales y formativas.

Todo esto pone sobre la mesa uno de los grandes cuestionamientos de la educación ejecutiva: su alcance.

Y este es un desafío de los gerentes de todas las generaciones.