Editorial: Todos somos responsables


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L a presentación que hizo el presidente de la República, Luis Guillermo Solís, la noche del jueves 28 de agosto, con motivo de cumplirse los 100 días de su gestión al frente del Gobierno tuvo cuatro aristas muy claras: su actitud ante la corrupción y la ineficiencia del Estado, su denuncia de lo que llamó el secuestro de nuestra democracia, sus prioridades más inmediatas y el manejo cuidadoso que hace de su relación con el sector productivo.

En el primero de estos temas, más allá de su clara denuncia de un Estado inoperante en muchas áreas y en algunos casos corrupto, nos mostró instituciones ineficientes e ineficaces frente a sus obligaciones, incapaces de aplicar las leyes que existen y de utilizar créditos ya otorgados, en clara violación del artículo 11 de la Constitución Política de Costa Rica y que muchas veces abusan de sus recursos en favor de sus jerarcas y burócratas.

No hizo el Mandatario denuncias personales, ni fue exhaustivo; más bien ilustró con claridad que sus percepciones tienen fundamento.

Fue particularmente duro con las últimas administraciones, pero también citó ejemplos que vienen de mucho tiempo atrás, reconociendo que muchos de los problemas de nuestro Estado no son recientes y se vienen acumulando a través de los años y lustros.

Citar lo anterior compromete al Mandatario con la transparencia y la rendición de cuentas de todas las instituciones y proyectos.

Se obliga, además, a iniciar una modernización profunda de las instituciones del Estado y en particular de las entidades de control –Procuraduría General de la República, Contraloría General de la República y Defensoría de los Habitantes– que han fallado en la tarea de llevar al Estado a cumplir con la ley y trabajar con el bienestar de todos los costarricenses.

La denuncia que hace el Presidente del secuestro de nuestra democracia se refiere a algunos políticos y sus partidos, pero más aún a las organizaciones gremiales, sindicales y otros grupos de interés.

Si bien los múltiples medios de comunicación y comentaristas que analizaron el discurso en primera instancia se enfocaron en los aspectos políticos de esta denuncia, es imperativo leer entre líneas y comprender que la obstaculización viene de múltiples sectores que anteponen sus agendas particulares al bienestar común de toda la población.

De manera implícita, el gobernante estableció sus prioridades más inmediatas: combate a la pobreza y a la inequidad, generación de empleo, transparencia, el déficit fiscal –ante el cual el Poder Ejecutivo no impulsará “paquetes fiscales” sino medidas específicas contra la evasión y la elusión para mejorar la recaudación, y mejor contención del gasto–.

En su discurso en el Teatro Melico Salazar, el gobernante enfatizó también la mejora operativa y financiera de la Caja Costarricense de Seguro Social, la necesidad de replantear el modelo de generación de energía y continuar la lucha contra el crimen organizado que –más allá del narcotráfico– incluye un amplio componente de contrabando en el cual se enfocó de manera particular.

En relación con el sector productivo costarricense, el presidente Solís se refirió a tres iniciativas concretas: la reinstalación del Consejo Nacional de Competitividad con sede en la misma Casa Presidencial, el despliegue de una estrategia –eventualmente una institución– llamada Proempresa para estimular el desarrollo competitivo de las micro, pequeñas y medianas empresas y el emprededurismo, parte de su estrategia de empleo.

En este acto en el que estuvo acompañado por su equipo de gobierno, el Mandatario volvió a mencionar la importancia de la inversión nacional y extranjera y el énfasis del mercado del Gran Caribe como oportunidad y enfoque para nuevas empresas y sectores de exportación.

Mencionó, además, que la mejor manera de eliminar el déficit fiscal es la expansión de la producción, lo cual debe ser tranquilizador para el sector productivo.

Le faltó al Presidente de la República demostrar su comprensión de que hay temas impostergables y fundamentales para que el país siga su proceso de desarrollo económico y social en el mediano plazo: la modernización de la educación costarricense, el despliegue de alianzas público-privadas para cerrar brechas en temas de infraestructura y energía, y la reforma del reglamento de la Asamblea Legislativa; entre otras tareas vitales.

La agenda resultante es muy compleja y retadora por implicar cambios importantes en la forma de operar las instituciones del Estado.

Nos unimos al llamado del presidente Luis Guillermo Solís para que tanto los partidos políticos como todos los sectores organizados de nuestra sociedad abran el espacio para dialogar, negociar y avanzar en lo planteado.

Todos somos responsables.

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