OPINIÓN

Editorial: El 2016 con un horizonte complicado


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E l desempeño económico de Costa Rica está determinado por tres factores: el contexto global, la conducción de su macroeconomía y la capacidad del país para mantener un clima de negocios atractivo y competitivo. El desempeño social es determinado por la eficiencia con que el crecimiento económico se convierte en bienestar y progreso social.

En el contexto global del 2016 hay fuerzas en conflicto. Se ha desacelerado el crecimiento de la economía de China y de las naciones cuyo desarrollo está ligado a ella. Esto implica menores precios de las materias primas y menores inversiones de empresas multinacionales cuyo crecimiento es dictado por la dinámica de la economía global.

Los precios del petróleo y de los alimentos han bajado, lo que debiera significar ahorros en costos y menor presión inflacionaria internacional. Además, la economía de nuestro principal mercado, Estados Unidos, ha empezado a crecer. Esto es bueno para el país.

Los conflictos armados y la presión migratoria en Europa y Medio Oriente restan vigor al crecimiento global, y no parece que acabarán pronto.

El fortalecimiento reciente del dólar ha resultado en devaluaciones en naciones con las que se compite directamente en los mercados de exportación, por la atracción de inversiones y en turismo. El colón ha mantenido su nivel por meses, lo que hace que Costa Rica se perciba como una nación cara para visitar, producir y hacer negocios.

La conducción macroeconómica del país ha logrado mantener la inflación nacional bajo control, pero la presión fiscal aumenta como consecuencia de la incapacidad del Poder Ejecutivo y la intransigencia de la oposición por aprobar un acuerdo fiscal que reduzca el gasto y aumente los impuestos de una manera inteligente y sostenible.

La confianza en el Gobierno ha venido cayendo, lo que redunda en un clima de negocios incierto. Los costos de energía, logística, capital y salarios siguen siendo altos en comparación con países competidores y relativo a la estructura productiva del país.

Costa Rica pierde competitividad en exportaciones y en atracción de inversiones, pese a ofrecer una fuerza laboral de alta productividad. El turismo enfrenta cada vez más y mejor competencia de naciones vecinas y de la región, tanto en la atracción de inversiones como de turistas de alto valor.

Gracias a su amplia diversificación productiva y al hecho de que cada vez sus exportaciones tienen más contenido de conocimientos y tecnología, el país ha logrado seguir avanzando, pero el 2016 será otro año de “nadadito de perro” si no se hacen cambios.

Lo frustrante de esta situación es que el país tiene todos los elementos para crecer mucho más vigorosamente.

Hacerlo implicaría partidos políticos que en vez de luchar constantemente por el poder o defender recetas ideológicas se concentren en gobernar en pro del desarrollo nacional.

Requeriría de autoridades fiscales que entienden la dinámica de las empresas y de los emprendedores, para que al recortar gastos, crear nuevos tributos o invertir, lo hagan de manera que promuevan la inversión productiva, la creación de empleo y la competitividad.

Se necesitarían organizaciones sindicales y empresariales que dejaran de perseguir objetivos particulares y pensaran primero en el país. Se requeriría una burocracia facilitadora de la inversión, la competitividad y el desarrollo, en vez de una fanática del control y de los inacabables trámites con que los atrasan y limitan.

En lo social, pese al lento crecimiento, hay cambios importantes en marcha en el combate a la pobreza, gracias a una alianza público-privada que ha venido a innovar para llevar los recursos más eficaz y eficientemente a quienes más los necesitan.

Pero en general, el 2015 ha sido otro año mediocre. Y el 2016 pinta parecido. Y si esto es así, posiblemente el 2017 será aun más duro.

Pero debe quedar claro que pese a un contexto internacional complejo, la principal razón por la que Costa Rica no crece al ritmo de su verdadero potencial es la dinámica de su ambiente político, caracterizado por organizaciones egoístas, ricas en derechos y privilegios, pero paupérrimas en deberes y compromiso con el desarrollo y bienestar nacionales.

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