Editorial: Desperdicio injustificable


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E n la edición de la semana pasada EF reportó que se pagan servicios de mantenimiento por más de $400.000 por año por dos escáneres, con un valor nominal de $6 millones cada uno, que debían servir para agilizar el paso de las mercancías en los puestos fronterizos.

Estos escáneres debían reducir el tiempo de atender un furgón de varias horas a unos 5 minutos, mantener la seguridad de la fronteras y aumentar la productividad de los transportistas al retener cada unidad por mucho menos tiempo en las aduanas.

Pero nada de esto ocurrió. La inversión que hizo el Gobierno chino al donarlos en el 2008 sigue sin instalarse.

Cabe preguntarse qué pasaría en el sector privado si una inversión como esta se desperdiciara... Con costos de mantenimiento de esta escala, nunca podría quedar sin uso en una empresa privada, pues ya hace mucho se hubieran revendido los equipos o la compañía se habría ido a la quiebra, después de despedir sin responsabilidad laboral –por negligencia– a los responsables.

¿Por qué, entonces, sí puede ocurrir en nuestro sector público?

Ocurre porque la plata del Estado llega sin esfuerzo a la mayoría de los empleados públicos para quienes aquella actitud de que “con lo que no nos cuesta, hagamos fiesta” es normal.

Sucede porque como fue una donación, su valor de capital no afectó ningún presupuesto y nadie se siente responsable de que se usen los activos con la productividad debida.

Se da porque en los cambios de gobierno la responsabilidad por los proyectos inconclusos pierden prioridad para los nuevos jefes y a veces hasta porque dejarlos botados hace quedar mal a la Administración anterior.

En este caso es una vergüenza y un desperdicio inaudito en medio de una situación fiscal apretada, que el conjunto de tres gobiernos, ocho años después de una donación, hayan pagado mantenimiento por millones de dólares, sin que los equipos se usen.

Ahora el Ministerio de Hacienda ha decidido “quitarse el tiro” y pasarle el problema al Servicio Fitosanitario del Estado (SFE). Este Ministerio es el mismo que de manera inexplicable desperdició otra gran tecnología cuando decidió desechar lo invertido y avanzado por muchas instituciones públicas y empresas privadas en el sistema de compras del Estado donado por el Gobierno de Corea del Sur.

Su récord en el campo de las decisiones relacionadas con la aplicación de tecnologías para modernizar sus servicios y aumentar la productividad, el control y la transparencia es desastroso.

Trasladar el problema al SFE parece una forma de desviar la presión, más que una solución. El director del SFE ha dicho que requiere de otros 16 equipos para controlar la salud fitosanitaria de nuestro territorio y que para operar los escáneres existentes requiere de una nueva inversión en software . Peor aún, pues con esto los escáneres pasarían de una función de aumentar la productividad de las aduanas a una de aumentar el control y, en manos del SFE muy posiblemente el proteccionismo comercial.

Si es que aún tiene sentido rescatarlos, los escáneres deben regresar al proyecto original de mejorar la productividad de los principales puestos fronterizos, que desde hace años son una vergüenza y causan enormes costos a los comerciantes. Y deben quedar –como corresponde– bajo la tutela de la Dirección General de Aduanas.

Y tenga o no sentido rescatarlos, deben sentarse las responsabilidades por tanta negligencia y desperdicio: por transparencia, para evitar que cosas así vuelvan a ocurrir, y por la obligación de rendir cuentas ante la generosidad del Gobierno de China y ante nuestros exportadores, importadores y ciudadanos.

Sostenbilidad y financiamiento