Editorial: Un agro más productivo


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E n las páginas 4 y 5 de esta edición publicamos un reportaje sobre la evolución de la productividad de varios cultivos agrícolas, es decir, de la capacidad de producir más a partir de la misma cantidad de factores.

Entre los resultados resalta el hecho de que, en general, el sector agrícola costarricense es hoy más productivo que hace cinco lustros: mientras que en 1991 el país producía 14,02 toneladas por hectárea, hoy produce 25,6, aunque los datos agregados no necesariamente son comparables, dado el profundo cambio de la estructura productiva del agro nacional en los últimos 30 años.

Asimismo, para un análisis completo, sería necesario contar también con datos de esos productos en otros países.

Vista por tipo de producto, sin embargo, esta evolución positiva es particularmente cierta para los productos no tradicionales. Cultivos como la papaya (104%), la fresa (143%), el mango (225%), el plátano (241%) y la piña (91%) lideran esta tendencia, mientras que el banano avanzó más lentamente con tan solo un incremento del 24%. Peor aún, el café retrocedió (-32%), lo mismo que la caña de azúcar (-11%).

El incremento en la productividad obedece a la incorporación de mejoras tecnológicas (investigación y desarrollo), en el capital humano y en la infraestructura, factores todos que tienen –sin duda– una incidencia directa en los resultados.

También puede deberse a la sustitución de producción ineficiente y poco rentable por la productos con una mayor aceptación en los mercados. El caso de la papaya, según explican los productores, es elocuente: un producto genéticamente mejorado, con nuevas variedades de la fruta, ha permitido que la producción por árbol rinda más y que este producto se encuentre fuertemente posicionado tanto local como externamente.

La mejora en la productividad corresponde principalmente al productor individual. Sobre él recae la responsabilidad de decidir qué y cómo producir, qué técnicas incorpora, cuánto dedica a investigación y desarrollo, y a qué mercados vende.

Sin embargo, el sector público desempeña también un papel relevante: desde poner a disposición de la mayor cantidad de productores posible la innovación tecnológica, hasta capacitar adecuadamente el recurso humano, y priorizar e invertir inteligentemente en la infraestructura relevante.

Adicionalmente, es responsabilidad de las autoridades gubernamentales mandar las señales correctas a los agentes económicos. Coqueteos con políticas proteccionistas o la indisciplina en la aplicación de la normativa internacional, confunden a los sectores, fomentan insostenibles nichos de mercado, crean zonas de confort irreales, y retrasan los cambios necesarios para la pujanza del sector agrícola, todo en detrimento de su productividad y rentabilidad y, en consecuencia, de una mejoría de los ingresos y salarios reales.

El reportaje de esta edición, otro esfuerzo periodístico de análisis de datos, nos recuerda también la importancia de seguir promoviendo las reformas que sirven de plataforma para esa mejora continua en la productividad: políticas públicas que incentiven la apertura, la competencia y la inversión en infraestructura (suave y dura), así como reformas institucionales que tiendan hacia una administración más eficiente y efectiva, en donde prevalezcan el Estado de Derecho y la búsqueda del bien común.

Sostenbilidad y financiamiento