Editorial: Sin confianza


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P ara operar con comodidad e impulsar sus planes, un gobierno requiere capital político, ese bien intangible que se genera por medio de logros y con base en la confianza de los diversos sectores de la sociedad cuando se percibe que el gobierno de turno tiene la capacidad de mover al país, la economía y el bienestar de su gente en una dirección deseable.

El capital político se gasta haciendo aquellas cosas que no son del agrado de las mayorías, pero que aún así son necesarias para avanzar, como la aprobación de impuestos, la ley general de electricidad o la modificación al reglamento de la Asamblea Legislativa.

Pues bien, el actual es un gobierno que agotó su capital político y que, cuando ha logrado acumular alguno, se las ha arreglado para desperdiciarlo en vez de aplicarlo a negociaciones transcendentales.

Por ejemplo, el capital político –no mucho por cierto– acumulado durante la visita del presidente Obama, fue inmediatamente dilapidado con un error monumental en la pésima organización de un viaje personal de la Mandataria a Perú.

La reciente encuesta semestral de Deloitte para EF, Barómetro de Empresas , es un fiel reflejo esta pérdida nacional de confianza y la percepción de los diversos sectores de que el Gobierno carece del capital político para alterar de manera significativa el rumbo del país, pese a que los datos fueron recabados antes de cualquiera de los incidentes mencionados en los ejemplos anteriores.

En la encuesta, celebrada entre marzo y abril, la cifras muestran una nación sumida en la incertidumbre, ya no solo por la masiva recesión en Europa, la lentitud de la recuperación en Estados Unidos y la desaceleración del crecimiento en China, sino por la certeza de que en el país no ocurrirá nada importante para alterar ese rumbo en el corto plazo.

Tal vez la más clara evidencia de esta incertidumbre y la resultante apatía empresarial sea el hecho de que una mayoría creciente siente que nada ha cambiado (63%) y nada cambiará o empeorará en el próximo año en la dinámica de la economía nacional (77%). Un 31% dice que hoy su empresa está peor que hace un año, mientras en la anterior encuesta solo el 16% lo percibía así. La confianza se sigue perdiendo. Hay pesimismo sobre el futuro en general y poca expectativa de que algo pueda mejorar a nivel de las empresas.

Los empresarios prevén una inflación un poco más alta que en el periodo anterior, con un 66% esperando un crecimiento moderado de ese índice, pese a que no esperan mayores aumentos en los salarios de sus empresas. Visto de otra forma, esto es una expectativa de que la capacidad adquisitiva de los trabajadores se deteriorará levemente.

Tampoco se esperan grandes cambios en el tipo de cambio. El empleo no cambiará, pues un 17% cree que su planilla crecerá, pero un porcentaje exactamente igual cree que más bien decrecerá, mientras el resto piensa que permanecerá igual.

Lo verdaderamente triste es que la economía está bien, La situación internacional no es positiva, pero Costa Rica ha venido recuperándose en inversiones, exportaciones, turismo, y hay una leve mejoría en el ritmo de la construcción. La apatía y el pesimismo es resultado de la pérdida de confianza en el Gobierno y la expectativa de que este año pasará –en el mejor de los casos– sin pena ni gloria.

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