Columna Enfoques: Corrupción y transparencia


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Una de las razones que dio Benedicto XVI para su retiro como papa de la Iglesia Católica es que está cansado y no cree que pueda vencer en la lucha contra la corrupción que se vive dentro de algunas partes del Vaticano y la Iglesia.

El gobierno de Peña Nieto, en México, acaba de dar un golpe de autoridad al arrestar por cargos de corrupción a “la Maestra”, eterna dirigente del Sindicato de Trabajadores de la Educación de México, por el desvío de un estimado de $156 millones.

Nuestros gobiernos e instituciones han vivido en años recientes un incremento de los casos de corrupción.

Estos hechos incluyen los, en mi opinión, malogrados casos contra expresidentes de Costa Rica y en otras partes, pero también miles de casos contra autoridades menores en todos los países.

Y eso sin entrar a discutir los abusos de poder en beneficio propio y familiar que son cotidianos y al más alto nivel en naciones como la vecina Nicaragua, Venezuela, Argentina y posiblemente con menos descaro en muchas otras partes del planeta.

Una buena parte de la solución a los problemas de corrupción pasa, sin duda alguna, por el aumento de la transparencia.

La transparencia no es una actitud.

La transparencia es algo que se puede instrumentar, sobre todo por medio de tecnologías modernas de acceso a la información que le permiten a cualquier ciudadano convertirse en un fiscal virtual de la gestión correcta de los recursos públicos.

En otras palabras: miles de ojos controlando cada transacción.

En el 2008 y otra vez en el 2010, el Club de Investigación Tecnológica ha propuesto al país una agenda de acciones para aumentar la transparencia en todas las acciones y transacciones del Estado, con el propósito de reducir la corrupción, pero también para empezar a reconstruir la confianza entre sectores de la sociedad y así facilitar la gobernabilidad.

¿Quién da el primer paso?

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