Columna Contrapunto: Del margen de intermediación

Opinión sobre el editorial anterior. Retos de la eficiencia financiera. Edición 918

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Cuando en la feria del agricultor hay muchos vendedores la frase “apenas voy a salir tablas” se oye con frecuencia.

Guardando las debidas diferencias, en sana teoría el margen de intermediación bancaria debería ser proporcional al grado de competencia. El nivel de concentración debería moverse inversamente a la eficiencia con que se lleven a cabo las transacciones activas y pasivas. En la práctica, es más difícil saber cuáles son los referentes empíricos que nos sugiere la teoría.

Es probable que muchos lectores recuerden los señalamientos sobre el desmedido nivel de este margen cuando se rompió el monopolio estatal sobre los depósitos.

Entonces se decía que la banca estatal “tenía mucha grasa”, lo cual se traducía en la necesidad de sostener un margen apreciable.

Además del número de oferentes, una variedad de fuerzas impulsan la dinámica de la diferencia entre tasas activas y pasivas.

Los cambios de régimen (de monopolio estatal a la apertura, de grupos locales a internacionales, de faxes a transacciones electrónicas) complican el análisis sobre su evolución. Finalmente, la organización industrial del sector no es sencilla en el sentido de que coexisten pulperías, comisariatos y supermercados.

Parece que la tendencia reciente es a la disminución en el nivel del margen. ¿Será un mayor nivel de competencia el factor clave?

Corresponde a un estudio muy interesante intentar la identificación cuantitativa, de los factores detrás de esta dinámica. Los banqueros y encargados de la política económica tendrán una mejor idea de qué han hecho bien para orientarse hacia un sistema más eficiente.

Sostenbilidad y financiamiento