Editorial: Desaceleración económica


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D urante el primer trimestre del 2015 el crecimiento de la producción y del crédito mostró una importante desaceleración. Esto plantea importantes retos para la política monetaria del Banco Central y para las políticas de administración de los riesgos que impulsa la Superintendencia de Entidades Financieras.

El crecimiento de la economía mundial en 2015 es desigual y la recuperación económica de la pasada crisis no termina de consolidarse, según proyecciones del FMI publicadas la semana pasada. América Latina tendrá una baja tasa de crecimiento económico durante este año.

El motor del crecimiento externo de la producción costarricense, de acuerdo con las proyecciones anteriores, tendrá una fuerza modesta durante el presente año. La disminución del precio internacional del petróleo hará contrapeso y permitirá el ascenso del ingreso real de los costarricenses.

Las últimas cifras del IMAE evidencian la desaceleración del crecimiento de la producción costarricense. Al mes de febrero, el crecimiento interanual fue tan solo del 2,2 % para el total, y del 2,7 %, si se elimina el efecto de las zonas francas, afectadas por el retiro de la actividad manufacturera de Intel. Es decir, la desaceleración del crecimiento de la producción no solo obedece al fenómeno Intel.

El Banco Central ha reaccionado reduciendo la tasa interés de política monetaria con la intención de apuntar el crecimiento económico y la generación de empleo. Esto es posible gracias a la disminución del precio internacional del petróleo que permite una política monetaria de mayor expansión sin comprometer la meta inflacionaria en el corto plazo.

Sin embargo, está por verse la efectividad de la política monetaria: ¿la reducción de la tasa de política monetaria se transmitirá al resto de las tasas pasivas y activas de interés en colones? y la reducción de estas, ¿incentivará la demanda de crédito?

Tenemos nuestras dudas de que todo este proceso de transmisión ocurra efectivamente hasta llegar a tener impacto en la producción y el empleo, especialmente si se toma en cuenta las expectativas que puedan tener los agentes económicos sobre el comportamiento de las tasas de interés en el mediano plazo en el marco de un alto déficit fiscal.

En el primer trimestre de este año, el crédito en colones se ha estancado y es el crédito en dólares el que ha mostrado mayor dinamismo. Este comportamiento de la demanda de crédito está asociado a la estabilidad cambiaria. Aquí el Banco Central y la Sugef tienen un dilema complejo. Si quieren desdolarizar las carteras de crédito de las entidades financieras o lograr niveles más rigurosos en la administración de los riesgos, tal como lo han manifestado públicamente, tendrían que penalizar la demanda de crédito en dólares. Pero si lo hacen en forma efectiva, se pondría un freno al crecimiento de la mitad de las carteras crédito, lo cual resulta contraproducente para reactivar la producción.

En conclusión, el Banco Central y la Sugef deberán actuar con prudencia para no acentuar en el corto plazo la desaceleración de la economía y, la vez, avanzar hacia en una mejor administración de los riesgos asociados al crédito y al tipo de cambio en las entidades financieras.

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