Crimea y la tensión mundial



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Los riesgos han aumentado para Rusia al quedar  expuestos los gasoductos que pasan por Ucrania

A mediados del siglo XIX, el imperio ruso presentaba intereses expansionistas hacia Oriente Medio. Una de las causas fue la debilidad del imperio otomano, visto como un ‘hombre enfermo’ por parte de los grandes poderes, tanto así que Rusia logro anexar a Crimea en 1783 (anteriormente un protectorado otomano).

A su vez, la protección por parte de los rusos de los derechos de las minorías cristianas ortodoxas en los territorios cercanos a Tierra Santa, generaba conflicto de intereses con otros grandes poderes.  El boyante imperio inglés también miraba a los rusos como una amenaza evidente.

El primer gran poder en actuar ante la debilidad otomana fue Rusia movilizando su ejército a la zona del Danubio en la frontera turco-ruso en Julio de 1853. Inglaterra interviene en pro del imperio otomano al anclar su flota naval en Constantinopla en Setiembre de 1853. La flota rusa decide atacar el puerto de Sinope en la parte turca del mar Negro en Octubre de 1853.  

Este evento da inicio a la guerra de Crimea de 1853 a 1856, entre el imperio ruso y la alianza de los imperios inglés, francés, otomano y de Cerdeña-Piamonte (hoy lo que es Italia).  El Tratado de París se da en 1856, con el cual se neutraliza el acceso almar Negro para todas las naciones; aún así, Crimea seguiría bajo el control de Rusia a pesar de haber perdido la batalla por Sebastopol.  

¿Por qué ha sido tan importante la península de Crimea para las ambiciones de los grandes poderes en la historia moderna?  

El control sobre las rutas marítimas del mar Negro se lograría mediante el control del puerto de Sebastopol, localizado en la parte sureste de la península de Crimea. En el siglo XX, se dieron momentos decisivos para mantener su control en manos rusas. La Alemania nazi intentó conquistar Sebastopol  para acceder las valiosas fuentes de petróleo en la región del Cáucaso y en Rumania. Rusia logra recuperarla hacia finales de la guerra.

Posteriormente, Crimea pasa a ser administrada por Ucrania como república soviética en 1954, bajo el control indirecto de Rusia. Ucrania alcanza la independencia de la Unión Soviética en agosto de 1990, y termina temporalmente la influencia rusa sobre Crimea.

Ante la inestabilidad política generada en Ucrania durante inicios del 2014 por las protestas (Euromaidan) contra el líder pro-ruso Viktor Yanukovich y su rechazo el Acuerdo de Asociación con la Unión Europea, Rusia aprovecha en marzo 2014 para enviar sus tropas a la península de Crimea anexándola nuevamente.

Riesgos para Rusia

La pérdida de la  Guerra Fría de la segunda mitad del siglo XX  por parte de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) hace que Rusia perdiera la hegemonía que mantenía en quince repúblicas socialistas de forma repentina.

Así las cosas, los riesgos geopolíticos aumentaron para Rusia al no poseer ya esos territorios que le servían como zonas de amortiguamiento ante posibles invasiones.

Por otro lado, la anexión ilegal de Crimea y el apoyo a separatistas pro-rusos en Luhansk y Donetsk van dirigidos en esa dirección. Los riesgos geoeconómicos también han aumentado para Rusia al quedar más expuestos los gasoductos de empresas rusas que pasan por Ucrania.

Al anexar Crimea, Rusia mantiene su control sobre el Mar Negro y protege la construcción del gasoducto del Sur que está pronto a ser finalizado, el cual bajaría su dependencia de los gasoductos en Ucrania. La construcción del gasoducto del Norte, terminada en el 2012, disminuyó la dependencia de Rusia de los gasoductos ucranianos en un 30%.

La osadía de Rusia de anexar Crimea y apoyar a sus hermanos eslavos en Luhansk y Donetsk, ha puesto  presión en Occidente para poner sanciones económicas sobre la economía rusa y sus allegados, reforzando su aislamiento internacional y debilitando sus nexos político-económicos con el mundo.

Adicionalmente, las cotizaciones de petróleo a la baja y la ralentización de su economía, han hecho que la moneda rusa haya perdido 60% de su valor rápidamente durante el 2014.

Aunque Rusia pretenda implantar una política exterior expansionista al estilo del zar Nicolás I, basada en la manipulación de un nacionalismo ultrarreligioso, y combinado con el estilo político-económico soviético de control satelital hegemónico, las consecuencias de sus acciones la pueden llevar a convertirse en el “nuevo hombre enfermo de Eurasia”, y a aumentar las fricciones diplomáticas con Occidente.

*Economista

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