OPINIÓN

Editorial: ¿Dónde estacionar el déficit?


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Hace unos años el economista estadounidense Arnold C. Harberger se sorprendía de la capacidad y creatividad de las autoridades fiscales costarricenses para encontrar mecanismos para financiar el déficit fiscal. Él, en forma coloquial, reconocía la habilidad para “estacionar” el déficit fiscal en los lugares menos imaginables de la economía nacional.

Desde el 2008 la deuda pública ha venido creciendo en forma continua hasta alcanzar un 60,4 % en junio de este año. Ante este crecimiento de la deuda, las autoridades del Ministerio de Hacienda se han tenido que plantear la pregunta de dónde estacionar la jarana.

Entre 2008 y 2011 el déficit fiscal se financió con recursos internos –deuda interna–, pero la competencia por el ahorro nacional aumentó las tasas de interés, con la respectiva protesta del sector productivo nacional a causa del encarecimiento del crédito por el estrujamiento provocado por el Ministerio de Hacienda.

Para evitar el aumento de las tasas de interés locales y aprovechar el bajo nivel de las tasas de interés internacionales, la Asamblea Legislativa autorizó el endeudamiento externo para financiar el déficit fiscal. Así fue como entre 2012 y 2015 el déficit fiscal se financió principalmente con deuda externa, lo cual evitó la presión del déficit fiscal sobre las tasas de interés locales.

Sin embargo, la autorización legislativa de endeudamiento externo venció el año pasado y durante el 2016 las autoridades del Ministerio de Hacienda se vuelven a enfrentar al dilema de cómo financiar el déficit fiscal con el ahorro local.

En la tarea de financiar el déficit fiscal durante el primer semestre del presente año, el Ministerio ha contado con dos ventajas: por un lado, el déficit fiscal se ha reducido y, por otro, la política monetaria expansiva del Banco Central ha permitido un ambiente de tasas de interés bajas.

A pesar de lo anterior, la Tesorería Nacional ha tenido que usar “creatividad” para estacionar montos crecientes de deuda interna.

En este contexto ha recurrido al nuevo mecanismo de endeudamiento Tesoro Directo, sobre el cual publicamos un reportaje en esta edición.

Hay que reconocer que este mecanismo ha sido exitoso en contribuir al financiamiento del déficit en el corto plazo. No obstante, consideramos que el instrumento adolece de fallos importantes.

El principal defecto del mecanismo está relacionado con la ausencia de estandarización y de un mercado secundario para la formación de precios transparentes. Esto, en el largo plazo, afecta negativamente las posibilidades de financiamiento de la Tesorería Nacional, al no permitir el desarrollo de un mercado profundo de deuda pública.

Otro defecto importante de Tesoro Directo es la promesa de “redención anticipada” que aparentemente el mecanismo otorga a los acreedores.

Esta promesa puede convertir al mecanismo en algo similar a una cuenta corriente con riesgos muy importantes en cuanto al manejo de la liquidez de Tesorería Nacional. ¿Qué pasa si en una situación de menor liquidez los acreedores se apresuran a ejercer la redención anticipada?

En conclusión, entendemos el contexto de endeudamiento crónico en el cual surge Tesoro Directo. La Tesorería Nacional, como una familia excesivamente enjaranada, recurre a soluciones de corto plazo.

Sin embargo, tenemos claro que el mecanismo no contribuye a mejorar el perfil de la deuda pública en el largo plazo.

Sostenbilidad y financiamiento