EDITORIAL

A la deriva


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Tal vez nadie haya caracterizado mejor al gobierno Solís Rivera que su correligionario Ottón Solís en un artículo reciente. Oscilaciones y contradicciones apabullan lo positivo. Irresponsabilidad, charlatanería, ignorancia y mezquindad han impedido avanzar por la ruta de la reforma fiscal, según el diputado de Pérez Zeledón.

Un gobierno que empezó minimizando la importancia del déficit fiscal, caracterizándolo como manejable, para luego apuntar que no hablaría de impuestos por dos años, ha perdido miserablemente el tiempo.

Adicionalmente desperdició el importante capital político con que llegó a Zapote y que le hubiese permitido hacer reformas impostergables en el corto plazo.

No son de recibo las argumentaciones gubernamentales echándole culpa a los gobiernos que le antecedieron, como lo señala Ottón: “Recibimos el problema fiscal de la política tradicional, pero por los errores iniciales del Gobierno ya ningún partido puede levantar el dedo acusador”.

La administración de Luis Guillermo Solís Rivera llegó al borde del precipicio y en vez de dar pasos hacia atrás los dio hacia adelante, lo que nos ha sumido en una grave situación.

El actual presidente de la República no puede escudarse más en lanzar acusaciones hacia el pasado mediato, no puede eludir más su responsabilidad en los errores del pasado inmediato.

No supo reconocer la importancia del problema fiscal en su momento y postergó las soluciones por populismo fiscal y para quedar bien con los sindicatos. El abultado presupuesto que presentó en su primer año de gobierno es una prueba de ello.

El gobernante careció, tal vez por inexperiencia y falta de preparación técnica, de profundidad para aprehender la seriedad del problema fiscal.

El equipo de gobierno a cargo de la política económica no tuvo la preparación académica ni la experiencia administrativa y política para buscar y ejecutar las soluciones necesarias. La confluencia de estos factores provocó lentitud y, sobre todo, parálisis en materia tan importante.

Hoy día el señor Presidente sale a asustar con el fantasma de la falta de liquidez, con el ánimo de que la Asamblea Legislativa le apruebe los impuestos que rechazó al inicio de su gestión. Razón llevaba Ottón Solís cuando lo acusaba de oscilante.

Ojalá que esta ofensiva contra el Parlamento no vaya acompañada de un intento de movilizar a gremios y universidades contra las instituciones legislativas, maniobra que en algún momento intentara esta administración. El único responsable de la supuesta falta de liquidez ha sido un gobernante que desperdició oportunidades importantes.

Ojalá que este discurso presidencial no esconda la intención de dejarle las manos atadas al próximo gobierno para reiniciar las movilizaciones sociales que caracterizaron al último año de gobierno de Laura Chinchilla.

El gobernante, probablemente mal asesorado, se ha transformado en vocero de las malas noticias, poco habría que preocuparse si esto perjudicara únicamente la imagen gubernamental; sin embargo, la repercusión internacional de sus declaraciones perjudica seriamente al país.

Las calificadoras de riesgo han venido evaluando al país hacia la baja, el anuncio del mandatario de falta de liquidez ha sido interpretado como una moratoria de pagos y esta se transforma, a su vez, en un factor disuasivo para la inversión extranjera y para la venta de los bonos que Solís Rivera quiere que el Parlamento apruebe para hacer frente a la supuesta iliquidez.

Por haber postergado las decisiones estamos frente a las crudas realidades de aumento de la deuda (interna o externa), y de las tasas de interés, de despidos en el sector público o de emisiones monetarias sin sustento.

Por otra parte, la reticencia del gobernante para entrarle a fondo a los problemas del empleo ha hecho evidente su alianza con un sector sindical que sigue exigiendo populismo sindical para mantener privilegios injustificables.

El Gobierno no está dispuesto a entrarle a fondo al problema del gasto y de ahí que el discurso reciente de Luis Guillermo Solís se haya centrado casi exclusivamente en el tema del aumento de impuestos.

Lleva razón el diputado Solís Fallas, fundador del partido oficialista, cuando denuncia el despilfarro en imagen, propaganda, viajes, presupuestos crecientes para las municipalidades y el Patronato Nacional de la Infancia; este gobierno no se ha zocado, ni quiere zocarse, la faja. El Presidente de la República continúa transitando por la resbalosa y sinuosa ruta de la alegría fiscal.

La imprevisión y tozudez del mandatario han dejado al país a merced de vientos huracanados. Ante la ausencia de timonel estamos a la deriva.

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