ENFOQUES

Política fiscal


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Se requiere una valiente política fiscal; original y que rete las convenciones equivocadas en que hemos basado nuestras decisiones fiscales.

Nos decía un amigo recientemente que cuando se interpela a un ministro de Hacienda a bajar el gasto sus respuestas son típicamente dos: 1) ¿A cuántos maestros y policías querés que despida? 2) No se puede reducir lo que es mandado por ley y Constitución.

Sin embargo, todo este año hemos operado con un presupuesto nacional ilegal y como que a nadie le ha molestado, y acaban de bajar los recursos del MEP por la piñata que se hizo a favor del FEES.

Nos decía en ese mismo foro don Ottón Solís que un ministro ético podría reducir el gasto en su cartera con solo eliminar los pagos por horas extra, dedicación exclusiva y anualidades por desempeño, pero que todos los jerarcas actuales las pagaban como un derecho adquirido –que no lo son– de los trabajadores.

¿Aumentar el ingreso? ¿Qué tal hacerlo más justo? Esto implica cobrarle más a los que más tienen –frase favorita de los promotores de más impuestos– pero qué tal cobrarle bien a mucho más empresas y personas, puesto que según datos presentados el 90% del impuesto de renta viene de apenas 1.000 empresas y ciudadanos.

Queda claro que la solución no pasa por aumentar tasas o número de tributos, sino por simplificar la estructura impositiva y cobrar lo que se debe.

Hay que ampliar la base de recursos para satisfacer los programas e inversiones clave. Esto implica no más deuda, sino más alianzas público-privadas, concesiones de obra pública y algunas privatizaciones bien reguladas. Si la cobija pública no cubre todo lo necesario, pues hay que añadirle recursos de otras fuentes.

¿Y qué tal cerrar instituciones completamente obsoletas que lo único que hacen es restar valor productivo y social? No es difícil para mí imaginar un país sin DIS o sin otras instituciones cuyo valor es dudoso.

Es hora de actuar.

Sostenbilidad y financiamiento