Editorial: ¿Asustar con la vaina vacía?


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El Ministerio de Hacienda anunció la semana pasada que las compras del Gobierno Central se reducirán a la mitad en el Presupuesto Nacional del 2017, si no avanza el plan fiscal. ¿Decisión en firme o simple gesto de amenazar con la vaina vacía? ¿Se trata de resolver el problema fiscal o de desatar los temores?

En primer término hay que resaltar positivamente que el anuncio refleja la preocupación del Gobierno por la insostenibilidad de nuestras finanzas públicas. También es importante destacar que las autoridades pretendan enfrentar el desbalance fiscal con acciones en el gasto público y no solo en los impuestos.

A pesar de lo anterior, consideramos que la propuesta de Hacienda no resuelve por sí sola el problema y no resulta una forma eficiente de enfrentar el problema fiscal.

Un recorte de la mitad de las compras del Gobierno Central corresponde a una reducción del gasto por ¢125.000 millones, según información de las autoridades de Hacienda. Esto, a primera vista, parece un recorte muy dramático; sin embargo, se trata de un 0,4 % del PIB que iría en la dirección correcta, pero estaría muy lejos de ser “la” solución al problema fiscal.

Esta reducción del gasto no es algo sostenible en el mediano plazo. Posiblemente paralizaría el funcionamiento del aparato público y nos dejaría con la paradoja de un Gobierno que pagaría salarios a empleados que no podrían realizar su trabajo.

El anuncio de las autoridades se parece a una estratagema para asustar con la vaina vacía. Por ejemplo, ¿se cortarían a la mitad los pagos de electricidad y los centros educativos trabajarían solo la mitad de la jornada actual? ¿Se reduciría a la mitad las compras de gasolina y se reduciría a la mitad el patrullaje de la Guardia Civil? Si se reduce a la mitad el pago de alquileres, ¿dónde funcionarían las oficinas públicas? ¿Efectivamente, avala el presidente de la República la cancelación del Festival Internacional de las Artes en el 2017?

Puede ser que nos equivoquemos en cuanto a nuestra apreciación sobre la seriedad de la propuesta de reducción del gasto. Pero mientras el Ministerio de Hacienda no dé respuesta a nuestras anteriores preguntas, el plan parece estar más en el plano de la amenaza para originar temores en la población.

Lamentablemente, la propuesta de recorte de gasto retrata a un Gobierno a la deriva y sin prioridades. Si un hogar tiene que reducir su gasto, primero se preguntará sobre sus prioridades para proceder a reducir el gasto en los rubros de menor importancia. Si el Gobierno tuviera clara sus prioridades, podría realizar esta tarea en el Presupuesto Nacional. En este caso, la reducción de gasto propuesta por la cúpula del Ministerio de Hacienda es al “machetazo”, sin establecer prioridades.

En nuestra opinión, una reducción del gasto público debe cumplir con varios requisitos. Primero, ser sostenible en el tiempo. Probablemente se requiere un periodo de 5 años para lograr su aplicación efectiva y duradera. Segundo, debe atacar los disparadores del gasto: los esquemas de aumentos salariales automáticos y sistemas de pensiones de privilegio a cargo del Presupuesto Nacional. Tercero, la estructura del Presupuesto Nacional debe reflejar con flexibilidad las prioridades en materia de desarrollo económico y equidad. Esto implica una revisión de los destinos “automáticos” de gasto y la prioridad de la inversión en infraestructura. Cuarto, el gasto debe pasar por el tamiz de la rendición de cuentas. Se deben eliminar los programas cuando no cumplan con las expectativas.

En conclusión, nos parece que el anuncio de recorte del gasto por parte de Hacienda no es una política seria. Más bien, parece formar parte de una campaña para asustar con la vaina vacía, lo cual le restará credibilidad y apoyos al Gobierno en la formulación de su política fiscal.

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