Editorial: Inevitable ajuste cambiario


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E l reportaje de nuestra portada de esta semana se hace una pregunta relevante para la economía costarricense: ¿la devaluación del colón observada durante las últimas semanas será un movimiento transitorio o representará una tendencia que llegó para quedarse?

Como es usual en economía, no hay respuestas definitivas pero las variables fundamentales en la determinación del tipo de cambio apuntan hacia la hipótesis de que la devaluación del colón tendrá permanencia en el 2014.

No debemos perder de vista que la tendencia hacia la revaluación real del colón en los últimos seis años se originó principalmente en la abundancia mundial de dólares provocado por las políticas monetarias expansivas adoptadas en Estados Unidos para enfrentar la debilidad de su crecimiento económico. Sin embargo, ya se inició en forma paulatina la reversión de estas políticas ante la mejora en el crecimiento económico en ese país.

Por lo tanto, si el crecimiento económico en EE. UU. se consolida, la era del dólar abundante y barato está llegando a su fin y se iniciará una época de mayor normalidad en el nivel de los tipos de cambio. Durante lo que va del año en varios países latinoamericanos han ocurrido devaluaciones de sus monedas ante el nuevo panorama económico de los Estados Unidos, lo cual nos sugiere que hay tendencias internacionales alrededor del comportamiento de nuestro tipo de cambio.

Sin embargo, la magnitud y volatilidad de la devaluación de las monedas no necesariamente será igual para todos los países. Esto dependerá de las condiciones macroeconómicas propias de cada país. En el caso de Costa Rica tenemos dos fortalezas importantes. Primero, la brecha externa –$2.500 millones aproximadamente– se ha financiado en el pasado principalmente con inversión extranjera directa, que ha mostrado cierto nivel de estabilidad a través del tiempo. Segundo, el Banco Central tiene reservas monetarias internacionales por más de $7.000 millones, que bien administradas permitirían hacer un ajuste sin grandes traumatismos.

Sin embargo, tenemos debilidades que pueden aumentar la profundidad y volatilidad del ajuste cambiario. El déficit fiscal del Gobierno Central para este año alcanzará cerca del 6 % del PIB y no hay certeza de su pronta corrección. Esto introduce incertidumbre y pone cuesta arriba realizar nuevas colocaciones de bonos en el exterior.

También está el tema de la definición del sistema cambiario que introduce incertidumbre. La participación del Banco Central en el mercado cambiario semanas atrás ha generado polémica y habrá que esperar a las nuevas autoridades para tener una decisión de con cuál esquema cambiario se terminará de hacer el ajuste del tipo de cambio ante las nuevas circunstancias internacionales.

Ante este panorama, las personas, las empresas y las entidades financieras deben administrar responsablemente los riesgos originados en la modificación esperada del tipo de cambio. Pasado el proceso electoral, es urgente que las nuevas autoridades tomen acciones oportunas con respecto a la reducción del déficit fiscal y a la definición del sistema cambiario.

No queremos cerrar este editorial con una nota pesimista. Debemos recordar que la devaluación ayudará al sector productivo exportador y al que compite con las importaciones. Esto debería contribuir a la reactivación de la economía local. Por lo tanto, el éxito estará en realizar el inevitable ajuste cambiario en forma ordenada.

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