Editorial: Hora de tomar decisiones


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Una vez concluido el proceso electoral en nuestro país, se inicia la etapa de convertir en acciones reales las promesas y propuestas del partido político que obtuvo la preferencia de los ciudadanos.

Por este motivo en esta edición presentamos una entrevista de fondo con las nuevas autoridades del Ministerio de Hacienda y el Banco Central para que nuestros lectores conozcan, de primera mano, cuáles serán las líneas maestras del diseño de la nueva política económica. Es urgente tener una definición clara y concreta por dos razones: la entrada al gobierno de una nueva fuerza política conlleva naturalmente mayores incertidumbres que en el pasado, y el nuevo gobierno hereda un fuerte desequilibrio fiscal que resulta urgente resolver.

El presidente electo se comprometió, en el campo fiscal, a no aumentar las tasas impositivas en los dos primeros años de su mandato y reducir el déficit fiscal por medio de una mejor recaudación de los impuestos y de una reducción del gasto. Esta estrategia tiene ventajas y desventajas económicas y políticas.

Sería injusto exigir a las nuevas autoridades soluciones inmediatas para resolver viejos problemas en materia de recaudación y gasto, pero son las mismas autoridades electas las que han decido disminuir el déficit fiscal en los dos próximos años por medio de estas dos vías.

Dicho lo anterior, señalamos cuatro debilidades en los planteamientos del nuevo ministro de Hacienda.

Primera, en la entrevista hay respuestas con frases como “todavía lo estoy analizando” o “eso no lo tenemos totalmente definido”. Comprendemos que el Gobierno todavía no ha tomado posesión, pero cada día se acorta el tiempo para tomar acciones. En particular, nos preocupa la decisión que tomen las calificadoras de riesgo en ausencia de señales rápidas y concretas.

Segunda, no dudamos de las sanas intenciones de aumentar la recaudación por medio de acciones en la administración tributaria. Pero hemos visto tantas promesas incumplidas en este campo, que resulta difícil pensar que ahora sí se lograrán avances tangibles en dos años.

Tercera, el futuro jerarca de Hacienda admite que aún no tiene una meta cuantitativa para reducir el gasto y menciona vagamente las consultorías y las estructuras paralelas como candidatos para realizar reducciones. Sin embargo, estamos muy lejos de tener un plan específico de reducción del gasto. La negociación del aumento salarial de medio año será un buen termómetro para medir la voluntad real del próximo Poder Ejecutivo en su objetivo de reducción del gasto.

Cuarta, falta por definir cuál será la estrategia legislativa para realizar los cambios legales en materia impositiva y de gasto. Sabemos que la política fiscal en los dos primeros años no descansa en cambios legislativos, pero dada la lentitud del procedimiento en Cuesta de Moras es importante que el nuevo Poder Ejecutivo defina una estrategia para la reforma fiscal que regirá en la segunda parte de la nueva administración.

Las nuevas autoridades económicas están en un proceso de definición de la política fiscal del país. Están pasando del dicho al hecho. Sabemos de las dificultades que esto implica. Pero por esta misma razón nos parece importante señalar las debilidades observadas en las propuestas del tema más importante e inmediato: la reducción del déficit fiscal. Nuestro deseo es que las nuevas autoridades tengan éxito en establecer políticas económicas generadoras de confianza y de bienestar para los ciudadanos.

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