Editorial: La desigualdad, el reto


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Un estudio de Inteligencia Financiera, elaborado por Unimer para EF destacó la primacía de las cuatro universidades públicas sobre nueve de las privadas. La encuesta abarcó a 400 jefes de hogar, de los cuales el 73% eran hombres y el 35% contaba con algún estudio universitario.

A los entrevistados se les solicitó que indicaran cuáles eran las universidades que más recordaban y que les otorgaran un puntaje (hasta 10) indicador de la calidad de la enseñanza que, según su criterio, ofrecían. Las cuatro universidades públicas quedaron situadas, en su mayoría, en el rango de 9 a 10, mientras que las privadas, en su mayoría, obtuvieron entre 7 y 8 puntos.

La encuesta suministra datos importantes: las universidades privadas llevan a cabo fuertes inversiones en publicidad e infraestructura con el fin de incrementar su matrícula, lo que, al parecer, no corresponde hasta ahora, en este estudio, con la opinión que tienen los padres de familia sobre la calidad de su enseñanza. En segundo lugar, las inversiones de las universidades privadas son superiores a las del Estado. Este dato, sin embargo, debe someterse a revisión, hacia futuro, por cuanto las universidades públicas ya están en proceso de una inversión extraordinaria en el orden de la infraestructura y de la calidad académica, gracias a un crédito del BID y a recursos propios, con el que darán un salto cuantitativo y cualitativo, en beneficio de la excelencia académica y la investigación científica.

Más importante que el monto actual de las inversiones es el nivel educativo de los jefes de hogar y, sobre todo, su visión de la educación en el desarrollo del país y en el futuro de sus hijos. En cuanto a lo primero, el 78% de los jefes de hogar tiene un nivel educativo superior al de los padres y el 80% espera que sus hijos los aventajen. Este dato, sin embargo, exige un análisis crítico por cuanto, si el 80% de los padres solo recibió educación pública, a la hora de decidir sobre la educación de sus hijos, el 56% prefieren la privada, de donde se colige que consideran la educación privada superior a la pública. Estas opiniones abarcan la enseñanza primaria o secundaria, no la universitaria, a tono con la encuesta, lo que implica un problema estructural en el sistema educativo del país en cuanto a la bondad de la educación pública en comparación con la privada.

Si el tema de la educación es trascendental para el desarrollo y la competitividad del país, y, sobre todo, para la formación del ser humano, esta divergencia entre la educación pública y la privada, en cuanto a calidad y preferencia, merece la atención del Estado y de la política nacional por su repercusión en el sistema democrático. Si el problema de la desigualdad social preocupa hondamente al país, y si estos datos confirman una tendencia nacional hacia este desequilibrio, he aquí una cuestión capital a la que, en años anteriores, no se le ha prestado la debida atención. Así, el desafío de la pobreza y el de la desigualdad, que conforman una unidad de pensamiento y acción, señalan, sin duda, el camino de la política nacional.

Bien está que los jefes de hogar prefieran la enseñanza universitaria pública o estatal, mas, desde el punto de vista del desarrollo futuro del país, como un todo, no conviene que los numerosos afluentes de la educación pública, en primaria y secundaria, por donde discurre la potencia de nuestro sistema democrático, no reciban una estima social parecida o superior. En fin, nuestro desafío nacional se llama desigualdad.

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