Editorial: Hacia el empleo verde


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Costa Rica es un país con una rica tradición ambiental. Goza de una fuerte imagen por su compromiso con los temas de la agenda internacional del ambiente y su influencia en este campo sobrepasa su peso relativo en la economía mundial.

Hay costarricenses que ocupan posiciones de alta responsabilidad en organismos internacionales del ambiente y el país ha sido un importante innovador institucional, al establecer el primer Ministerio de Ambiente y Energía y el primer viceministerio del Mar en América Latina, al haber dividido su territorio en 11 áreas de conservación y facilitar alianzas público-privadas.

Pero este parece ser un tema en el que los sectores público y sin fines de lucro le han sacado amplia ventaja a la empresa privada. Reservar una amplia porción de sus territorios y mares a la conservación e impulsar un marco institucional que, si bien no es perfecto sí es amplio, muestra un alto grado de compromiso con los temas de la agenda ambiental por parte del Estado. Pero en una buena parte de la empresa privada, los temas ambientales se perciben como fuentes de costos y restricciones.

Surge entonces la pregunta, ¿qué ventajas le dan a la empresa las prácticas, regulaciones y leyes ambientales? La verdad es que la mayoría de las compañías no puede contestar por falta de formación de todo su personal. Según un estudio recientemente realizado, un 65% de las empresas no tienen conocimiento sobre los programas ambientales del Gobierno y un 85% no están conectadas con los sectores de exportación, en el que los requisitos ambientales de las naciones compradores les obligan a conocer conceptos y prácticas de buen manejo ambiental.

Una nación como Costa Rica debiera estar en posición de convertir su tradicional ambientalismo en una ventaja competitiva para sus empresas en los mercados del mundo, particularmente en los más desarrollados, conforme se incrementan los requisitos de carácter ambiental para participar en sus mercados. El país debiera incluso poder convertir su tradición y su sostenibilidad en una ventaja comparativa de su clima de negocios y convertir su imagen nacional y su conocimiento a nivel de Estado y organizaciones sin fines de lucro en prácticas y programas que lleven sus productos y servicios a un desempeño superior en los temas del ambiente.

Al mismo tiempo, el país debe ser mucho más eficiente en implementar a nivel local las mejores prácticas ambientales para que realmente pasen de ser una fuente de riesgos y restricciones a ser fuente de ventaja para todas sus compañías en los mercados locales y los de exportación.

Para que Costa Rica avance en este campo es necesario llevar mucho más conocimiento a las empresas de todas las escalas. Esto se puede hacer por medio de la formación y contratación de especialistas ambientales, muchas veces llamados empleos o puestos verdes, en empresas de todas las escalas.

Esto debe promoverse. Pero el país debe ir más allá y asegurarse que, desde la escuela primaria y ciertamente en secundaria, educación técnica y superior, todos nuestros estudiantes tengan una base de conocimiento respecto al ambiente y sus mejores ejemplos y prácticas para que, con el paso del tiempo, todos nuestros empleos sean implícitamente verdes, convirtiendo el ambientalismo práctico en un valor nacional, en una ventaja real de nuestro país y no en una intención incompleta, como es ahora.

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