Editorial: En línea con la educación


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La Universidad Estatal a Distancia (UNED) acaba de cumplir 40 años. En aquel tiempo fue una verdadera innovación, de esas que caracterizaban a nuestro país. En esa década se fundaron tres instituciones de educación superior pública y se inició la inversión en educación superior, todo lo cual vino a complementar lo ya ofrecido por la Universidad de Costa Rica (UCR) y el Instituto Nacional de Aprendizaje (INA).

La educación superior –universitaria, técnica y vocacional– son parte fundamental de tres procesos: dotar a los ciudadanos de las capacidades que requieren para el desarrollo de su pleno potencial, convertirse en el instrumento de crecimiento de la productividad e ingreso de las personas y sus familias, y dotar a Costa Rica de una fuerza laboral con las capacidades necesarias para competir internacionalmente.

La UNED utiliza, desde hace cuatro décadas, instrumentos de educación a distancia, a los cuales ha sumado en la actualidad la formación en línea, para contribuir a estos objetivos. Y lo ha hecho relativamente bien cuando menos en dos de los objetivos planteados.

La educación en línea permite –por medio de una creciente conectividad global– transmitir información, conocimientos y conceptos de manera eficiente y sin fronteras a casi cualquier persona por medio de cada vez mejores diseños y métodos de enseñanza.

Existen hoy día plataformas digitales muy conocidas –Kahn Academy y Coursera, quizá las más famosas entre cientos de ellas– que reemplazan de manera eficaz y con acceso a los mejores profesores del mundo el aprendizaje que tiene lugar en las aulas convencionales de los centros educativos.

Como si fuera poco, hoy existen innovaciones en la educación superior “no estructurada” que le permiten a los jóvenes entran a desarrollar capacidades y habilidades que no corresponden a ninguna carrera tradicional, pero sí responden a las necesidades de un proyecto de vida o a la de prepararse de la mejor manera para participar en la economía del futuro, con apoyo y guía de asesores especializados.

Una buena parte de este tipo de educación se realiza en línea o a través de “clases sueltas” en diversos centros educativos de acuerdo con la selección de los estudiantes. Si bien es cierto que estos estudiantes no recibirán un título tradicional, sí se certificará que están “mejor preparados que nadie” para responder a las necesidades, desafíos y oportunidades de las organizaciones y sociedades del futuro.

Costa Rica, a través de la UNED, ya tiene una primera plataforma propia en este campo y, por medio de Internet, acceso a todas las que existen en el planeta. Deberíamos ver pronto a un Instituto Nacional de Aprendizaje en Línea para complementarla, y muchas nuevas plataformas de universidades o proyectos independientes de educación superior en línea. Esto debiera motivar a nuestros jóvenes, en cualquier parte del país y conforme avanza la conectividad rural –y urge que mejore–, a educarse en el límite del conocimiento relevante para su desarrollo personal y para el trabajo.

Queda por resolver, eso sí, si nuestra obtusa institucionalidad en este campo –representada por el Consejo Nacional de Enseñanza Superior Universitaria Privada (Conesup), el Consejo Nacional de Rectores (Conare), el Ministerio de Educación y los colegios profesionales– estimularán u obstaculizarán –lo que parece más probable dada su limitada flexibilidad– la enorme oportunidad que representa la educación en línea para los jóvenes y trabajadores de Costa Rica.

Sostenbilidad y financiamiento